Marchar hacia la conciliación

Las diferencias de criterios son muy propias del libre ejercicio de la democracia. Disentir en cualquier marco político, de poder o de oposición, es de pleno derecho aunque esto no puede llevar a suponer como aceptable que las contradicciones en el seno de las organizaciones partidarias lleven a posiciones irreconciliables con propensión al desmembramiento. Los partidos son herramientas fundamentales de la sociedad. Se les exige capacidad para canalizar aspiraciones y demandas de los sectores que vistos de conjunto forman la nación. Por tanto deben mostrar fortaleza, coherencia y funcionalidad para superar sus contradicciones. La imagen de vulnerabilidad al conflicto y al choque grupal que a veces muestran algunos partidos importantes, tiende a sumir en desconcierto a una parte de la colectividad.
El atrincheramiento al que pueden ir a parar proyectos rivales que en una misma organización se empeñan en lograr candidaturas para la conquista o conservación del poder resta calidad moral a cualquier bandería. Divide y vencerás, dice una sabiduría de toda la vida. El encono de retórica de intransigencia y descalificación puede dar motivos para que amplios sectores crezca la preocupación por el futuro del país. Las persistentes discordias políticas son contrarias al clima de armonía necesario para la búsqueda de soluciones a problemas nacionales.

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