María Castillo y Judith Rodríguez, dos generaciones en escena

Se abre el telón, y aparecen en escena dos generaciones que representan la exquisitez del arte escénico nacional: María Castillo, actriz, directora, productora y maestra de la actuación, con una trayectoria de más de 45 años sobre las tablas, y quien ha recibido trece premios Casandra y tres Soberanos, y Judith Rodríguez, auténticamente cautivadora, galardonada en los Soberanos 2018 por su actuación en la película Carpinteros,

de José María Cabral, como “Mejor Actriz” del año. Juntas, son el binomio perfecto para representar dos generaciones de la actuación que han escrito sus nombres en la historia del arte dominicano.

Cuando María Castillo decidió ser actriz, el Teatro Nacional era tan solo una edificación en proceso de construcción. Maestra de varias generaciones de actores y directores, actualmente imparte docencia en su Taller Permanente en el Teatro Nacional, en el salón que lleva su nombre, como homenaje a su fructífera carrera. Dirigió los musicales Evita, Cabaret, Chicago, Dream Girls, Los Miserables, Rent y El Hombre de la Mancha, además de actuar en más de diez zarzuelas y operetas, entre las que se encuentran Las Leandras, El Murciélago, La Leyenda del Beso, La Viuda Alegre, Luisa Fernanda, La del Soto del Parral, Opera Merengue, y La Princesa de las Czardas. En el género dramático, su rol ha sido intenso e impecable, destacándose La Gaviota, de Chejov; Tres Mujeres Altas, de Albee; Un Tranvía Llamado Deseo, de T. Williams; y Decamerón, de Bocaccio. Recientemente, protagonizó junto a Judith Rodríguez, la obra “Buenas noches, Mamá”, (Night, Mother) en la sala Ravelo del Teatro Nacional.

María y Judith

De su lado, Judith Rodríguez quien representa la nueva generación de actrices que trabajan arduamente para entregar un trabajo acorde con los tiempos, se define como una mujer intensa y que no le teme a los retos. Estudió en la Escuela Nacional de Arte Dramático y ha fungido como Directora, Guionista y Actriz en el Mediometraje “Té Para Tres”, así como actriz e imagen principal, en la mini serie de suspenso “El Límite de la Realidad”. Se ha destacado como una de las principales actrices del cine dominicano, siendo uno de sus papeles estelares el que interpretó en la película “Carpinteros”, una historia humana, magistralmente interpretada por sus tres protagonistas.
Y sin lugar a dudas, luego de leer las historias de vida de estas dos luminarias de la actuación nacional, solo podemos expresar “Luces, cámara, ¡acción!” para que entren en escena dos divas que representan magistralmente dos generaciones del arte escénico.

María Castillo
“Me gusta la filosofía, no puedo concebir el arte sin la filosofía, de ella me nutro para abocarme a la vida y a la creación de mis montajes y personajes”

¿Cómo fuiste seducida por el teatro?
Lo que primero me sedujo en realidad, fue la palabra. A los tres años ya sabía leer y mientras mi madre colaba el café para mi padre que salía a trabajar de madrugada, me enseñaba a recitar unas coplas antiguas que ella conocía, a la par que me enseñaba a escribir garabateando unos cuadernos de caligrafía. Luego vi a mi hermana mayor en la velada navideña del colegio de monjas españolas, haciendo una escena de la zarzuela Doña Francisquita. Era la primera vez que veía teatro; tenía unos 5 años y no he podido olvidarlo. A esa edad y en otra velada, fue mi primera actuación frente al público, interpretando el Romance de la virgen pura.

Judith

¿Qué significa para ti llegar a los 45 años de una meritoria carrera artística sobre las tablas?
Un privilegio. Cuando miro atrás y veo que durante este tiempo nunca he salido de los escenarios (en los años que pasé en Moscú, además de estudiar, actuaba profesionalmente), no tengo otro sentimiento más que la gratitud hacia todos, que son muchos, los que contribuyeron para que esto fuera posible, entre los cuales se encuentran mi familia, mis maestros, el público y quienes han sustentado mi trabajo a lo largo de todos estos años.

¿Cómo definirías la experiencia de compartir escenario con Judith Rodríguez?
Con Judith todo fue a la altura de mis expectativas, no me defraudó en lo más mínimo, tanto en lo profesional como en lo humano. Celebro haberla elegido, pues fue una decisión acertada en la que ambas vivimos una hermosa experiencia artística y de vida.

¿Qué lección te dejó “Buenas noches mamá”?
Que siempre vale la pena apostar a las obras de calidad, aunque conlleven mayor sacrificio e inversión de tiempo y recursos. Al final, la sensación es inmensamente gratificante.

¿Cuáles influencias ha tenido el teatro
en tu vida personal?
Todas. Mi casa se ha ido convirtiendo cada vez más en un lugar de creación teatral, y a su vez, los teatros me son tan familiares como mi propia casa. Mi personalidad se ha forjado a través de los personajes y los universos ficticios que me han tocado representar. Siempre estoy bajo el influjo del material en que esté trabajando en el momento y esto se refleja en los acontecimientos que van sucediendo en mi vida personal. De hecho, cuando quiero recordar alguna fecha, la ubico enseguida identificando la obra que estaba haciendo por entonces.

¿Qué tan difícil es montar una obra teatral en nuestro país?
Muy difícil. Las condiciones nunca son las idóneas, pero afortunadamente nuestro entusiasmo es mayor que los obstáculos. Siempre he dicho que la cartelera teatral del país se sostiene con base en la auto esclavitud de los teatristas. Hay que ser como el conejo Bugs: actuar, dirigir, vender y producir.

Como directora y actriz, ¿cuál ha sido la obra teatral que más satisfacciones te ha dado?
“Emily”, monólogo sobre la vida de la poetisa norteamericana E. Dickinson. Fue mi trabajo más trascendente en el extranjero y un éxito en el país, al igual que “Banco de Parque”, que llevo más de tres décadas revisitándola.

Si tenemos una ley de cine, ¿Por qué no tenemos
una ley de teatro?
Porque el cine, además de arte, es industria y Leonel Fernández, que se dio cuenta de la incidencia económica y artística que tendría, puso todo su empeño en que fuera votada. Con el teatro no pasa lo mismo, aunque se está bregando con eso desde que salió la de cine. El teatro no es un arte de masas como lo es el cine, por eso los empresarios no lo encuentran atractivo para inversiones mayores.

¿Qué opinas de la nueva generación de artistas
que tenemos?
Que está llena de gente interesante y con ganas de transformar la realidad, a pesar de unos cuantos que se cuelan para sacar provecho sin poseer los méritos necesarios.

¿Qué consejo puedes enviarles a los jóvenes
que quieran dedicarse al teatro?
Perseverar en el logro de sus metas y prepararse para ser cada vez mejores en aquello que se propongan. Dejar a un lado esa necesidad tan posmoderna de lograr la fama de inmediato sin importar a través de cuales medios. Lo fundamental es ejercer el oficio con rigor y entrega, lo de la fama, vendrá por añadidura.

¿Cómo eres en la piel de María?
Antes era pura intensidad dentro y fuera del escenario. Ahora, aunque la pasión es la misma, voy con más calma por la vida. “A cada día su afán” es mi lema actual. También, sin sacrificar ciertos preceptos fundamentales, soy más tolerante y comprensiva con la gente que me rodea y con los resultados de sus procesos artísticos.

Además de la actuación, ¿Qué te gusta en tu diario vivir?
Me gusta la filosofía, no puedo concebir el arte sin la filosofía, de ella me nutro para abocarme a la vida y a la creación de mis montajes y personajes. También me interesa la moda, me entretengo mucho reciclando y remodelando piezas de mi closet, y generalmente diseño el vestuario de mis producciones. A estas, le siguen los viajes, la lectura, el cine y la música.

¿Cómo enfrentas los roles de ser madre, actriz y mujer
de estos tiempos?
Como la mayoría de las mujeres de hoy: optimizando al máximo mi tiempo para poder cumplir con todos los roles que me han tocado. Para estar más tiempo con mi hija, me la llevaba a la escuela y a los teatros donde laboraba. Ahí le forrábamos los libros entre todos con afiches de las obras, y hacía sus tareas por cualquier rincón cómodo que encontrase mientras yo trabajaba.

¿Qué sientes que has logrado y que crees te falta
por realizar?
Mi mayor logro ha sido la transmisión de saberes a cientos de estudiantes, entre los cuales se encuentra gente joven que ya está aportando los frutos de su formación al arte escénico dominicano. También he logrado posicionarme sólidamente en la dirección, una carrera que todavía hoy, es un dominio masculino. En actuación, he tenido la trayectoria firme y fructífera a la que aspira cualquier artista, por lo que me siento más que agradecida por haber tenido las condiciones para realizarme como mujer y artista. Por hacer, me queda dirigir cine y seguir aportando al devenir teatral y cinematográfico dominicano con cualquiera de mis especialidades.

¿Cuáles proyectos tienes en carpeta?
Tan pronto terminó “Buenas noches mamá”, empecé a dirigir la obra “Test” bajo la producción del puertorriqueño Raúl Méndez, y que estrenaremos el 20 de julio en Bellas Artes. Luego vendrán un par de películas, y la reposición de “Banco de Parque”, con la que nos presentaremos en NY y continuaremos la gira que habíamos iniciado en el país.

Proyectas una imagen muy peculiar, ¿cómo la definirías?
Divertida. Todo lo que me pongo debe tener un sentido lúdico y contribuir a hacerme la vida menos pesada. Muchos me han expresado que mi apariencia los motiva a ser más atrevidos con la suya y a no sentir inseguridad al mostrarse diferentes. Eso me hace sentir bien.

¿Cómo definirías este momento de tu vida?
Muy complejo e Interesante.

CONFESIONes
María es…Pasión.
Ser actriz es…un privilegio.
La actuación es… un oficio complicado y maravilloso.
Mi familia es…fundamental en mi vida.
Un sueño por realizar es… volver a Rusia y encontrarme con mis compañeros
de estudio del Gitis.
Una frase de batalla es… “Nadie se va a morir, menos ahora”.
(Verso de una canción de Silvio Rodríguez).

María Castillo Por dentro…
Hija: Daniela Tovar Castillo, psicóloga especialista
en gestión de recursos humanos.
Nieta: Valentina Ivanna Durán Tovar.
A los 16 años se graduó de Actriz en la Escuela Nacional
de Teatro de Bellas Artes.
Magister en Dirección, Diploma Summa Cum Laude
en Moscú, ciudad donde además laboró en el área de doblaje
para Mosflim (1977-1983).
Estudió Lengua Rusa en la Universidad Lomonosov.
Maestra de varias generaciones de actores y directores, actualmente imparte docencia en su Taller Permanente
en el Teatro Nacional, en el salón que lleva su nombre
como homenaje a su fructífera carrera


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