Mariasela Alvarez & Alberto Del Pino. “Estamos viviendo una de las mejores etapas de nuestra vida en común”

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07 febrero, 2004 12:00 am Sé el primero en comentar
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A veces el amor es un boleto de lotería que jugamos sin saber o sin querer, en la ruleta de la vida. Pero otras, es un terreno despoblado, adquirido con fe y cuidado con esmero. Para los últimos, el amor nunca sucumbe. Y cuando la cosecha no ha sido buena, corrigen los errores y vuelven a sembrar con entusiasmo y expectativas hasta que, satisfechos y orgullosos, exhiben el terreno florecido, la cosecha abundante. La diferencia es solo una: han tenido fe. En la batalla de la vida, son ellos guerreros victoriosos y soñadores empedernidos. La recompensa no se hace esperar, porque la fe devuelve con creces lo soñado.

Alberto Del Pino y Mariasela Alvarez, son de manera individual, obsesivos buscadores de sueños, decididos guerreros luminosos, que han hecho de sus vidas una intensa aventura. Ellos han descubierto puertas que se abren y que los invitan a descubrir los exquisitos tesoros del saber, y con valentía y arrojo, han conquistado los caminos de la gloria y del éxito en sus vidas personales y profesionales.

[nf]Ella, mujer altiva, orgullosa, decidida y audaz, conocedora de sus virtudes y de sus encantos, reina de la belleza del mundo, y poseedora de inteligencia y sentimiento, supo muy pronto que el amor era indispensable para la vida feliz a que ella aspiraba.

El, apuesto y arrogante, deliciosamente cautivador, trotamundo incansable, mundano y suspicaz, de una habilidad e inteligencia fuera de serie que lo llevaron a exhibir el éxito siendo muy joven, le parecía que lo podía conseguir todo. Pero el amor le pareció su mayor desafío.

Cuando se conocieron, hubo chispas en el Universo que anunciaban un encuentro especial, una maravillosa algarabía que sacudía los preconceptos que cada uno tenía con respecto a este mágico instante de locura que muchos llaman amor. Muy pronto sabrían que de nada valdrían las excusas, las poses y las hipócritas actitudes, para rechazar la atracción que amenazaba con apoderarse de las emociones y la mente de ambos, sin excusas posibles. Muy pronto confirmaron que el amor es como las presas: si se deja una brecha por donde pueda meterse un hilo de agua, enseguida empieza a destruir las paredes y llega el momento en que ya no se puede controlar la fuerza de la corriente. Y al poco tiempo, allí estaban, bañados por la catarata del amor e irremediablemente unidos a los cinco meses de su primer encuentro.

Una historia de amor hermosa, con protagonistas hermosos y famosos, que en la mente de los románticos empedernidos, tendría la garantía de una vida absolutamente feliz, como si el matrimonio hubiese comprado la energía del amor para guardarla en un cajón y olvidarse de él. Ellos sabían de este peligro de forma intelectual, pero no lo habían interiorizado, así que la rutina los fue envolviendo, la competencia profesional los fue alejando, el agobio del tiempo los fue estresando, y de pronto descubrieron que estaban atrapados y que la magia se había ido o estaba escondida en algún lugar impredecible. Así que, individualmente, iniciaron el camino de la búsqueda, insaciable, perentoria, necesaria. Hasta que un buen día, descubrieron que la llave del amor, de la alegría, de la paz, del perdón y la reconciliación, siempre había estado a su lado, muy cerca de su corazón…Fue entonces que descubrieron el gran poder de aceptar en sus vidas a Jesús. Ellos afirman que han nacido de nuevo, que sus vidas han cobrado un nuevo significado y que la paz y el amor se han instalado en sus vidas para siempre. Es por eso, que al cabo de 20 años de matrimonio civil, ellos deciden bendecir sus vidas en el sacramento del matrimonio, confirmar consciente y maduramente que se aman para siempre, y exclamar orgullosos que Jesucristo es el centro de sus vidas.

Es así que el 7 de enero del 2004, justo cuando cumplían 20 años de casados, deciden unir sus vidas, esta vez bajo el sagrado sacramento del matrimonio. La iglesia escogida fue la Parroquia del Buen Pastor, donde ambos encontraron la alegría del Señor.

Ella, ataviada de novia enamorada, con su traje blanco enmarcando su esbelta figura y su velo de tul coronando de ilusión su cabellera, parecía haber retrocedido en el tiempo, aunque el tiempo del amor siempre es el mismo. Con una alegría que desbordaba su mirada en caudales de ternura y plenitud, irrumpió en el espacio sagrado con su porte de reina, esta vez, para entregar con humildad su vida en aras del amor. Mientras, nosotros, los fascinados espectadores, parecíamos escuchar las estrofas del Cantar de los Cantares de Salomón, cuando la amada exclama:

“El invierno se ha ido,[br]y con el han cesado y se han ido las lluvias![br]Ya brotan flores en los campos;[br]¡el tiempo de la canción ha llegado![br]Ya se escucha por toda nuestra tierra[br]el arrullo de las tórtolas.”

Mientras él, nervioso y feliz, la espera en el altar con la mirada fija en las púpilas de los ojos de su amada, sintiéndose privilegiado de poder compartir en este espacio de vida con “su otra mitad”, mientras parece exclamar junto al texto de Salomón:

“¡Cuán bella eres, amada mía![br]¡Cuán bella eres![br]Tus ojos, tras el velo, [br]son

dos palomas.”

Y allí, en una sencilla pero emotiva ceremonia, oficiada por el sacerdote Víctor Masalles, se prometieron amor eterno bajo una intensa energía de felicidad que inundó a todos los familiares y amigos que compartían complacidos esta gran fiesta.

Mariasela y Alberto exhiben hoy un amor maduro. Un amor trabajado con esfuerzo y dedicación, cuidado con esmero, abonado con ternuras, tolerancia y comprensión. Pero sobre todo, un amor bendecido por Dios para su gloria, que les permite ser felices todo el tiempo, crecer y extenderse hacia sus hijos y todos aquellos que ven en sus figuras un ejemplo a seguir.

En Sociedad se complace en ser portadora de la primicia de esta historia de amor del siglo XXI, llevándoles a nuestros lectores un recorrido por sus veinte años de unión y los pormenores de la boda religiosa de esta pareja de personajes tan queridos por nuestra sociedad.

“Dejénse abrazar por el fuego [br]del Espíritu Santo, [br]sofoquen las dificultades,[br]porque no hay nada que el amor [br]no pueda hacer”

Parte del sermón pronunciado por el Padre Víctor Masalles el día de sus bodas.

Mariasela Alvarez, exitosa comunicadora, esposa y madre feliz, accedió a responder nuestras preguntas sin vacilaciones.

Ella está convencida de que su testimonio es importante y que puede servir de estímulo a muchas parejas que han perdido la esperanza del amor. Con la precisión que la caracteriza, y añadiendo una nueva luz a sus opiniones, se goza en el recuerdo, pero más que nada, disfruta a plenitud su presente de luz.

[b]¿Cómo se inicio su historia de amor?[/b][br]Nos conocimos en el Hotel Jack Tar Village de Puerto Plata, en el año 1983, siendo Alberto Gerente General de ese hotel, y yo todavía miss Mundo. Mercedes García, la diseñadora, había insistido en que conociera el proyecto de Playa Dorada, y coordinó con Fernando Rainieri, quien en ese entonces dirigía Infratur, para que me invitaran a pasar un fin de semana en el hotel.

Ellos fueron los “agentes facilitadores” de ese encuentro.

Al principio, no me cayó bien, me pareció poco gentil. Él argumentaba que no simpatizaba con “las Misses”, pero yo pienso que fue una táctica para llamar mi atención, pues esa misma noche se apareció en la discoteca del pueblo, donde yo había ido con mis amigas, y se sentó a mi lado con la excusa de que alguien de mi mesa lo había invitado (a propósito nunca supimos quién), y para colmo, me invitó a bailar un bolero, momento que me pareció muy preciso para ejecutar mi venganza. Bailamos sí, pero entre él y yo cabía otra pareja completita. A partir de ese momento, estaba en todas partes donde yo iba y la noche siguiente me pidió matrimonio diciéndome que yo era la mujer de su vida. A mí, por supuesto, me pareció un loco, y así se lo dije, pero me sentí halagada, y me encantó su arrojo y decisión. Con el tiempo me demostró que estaba seguro de lo que quería y de que lo lograría. Nos casamos cinco meses después.

[b]¿Cuál es la fórmula para mantener viva la llama del amor?[/b][br]En cuestiones de amor, no existen fórmulas mágicas, pero para alimentarlo hay cosas que no debemos olvidar, como por ejemplo, los detalles y las manifestaciones sencillas y cotidianas del cariño. Una buena comunicación, por supuesto, y algo a mi entender muy importante: la realización personal, la cual contribuye a mantener una buena autoestima, y por ende, nos permite desarrollar una relación más saludable en donde primen, además del amor, el respeto y la mutua admiración.

[b]Cada uno de ustedes brillan en el desempeño de sus profesiones de manera individual, ¿Cómo han logrado el balance perfecto para cultivar además una hermosa familia?[/b][br]Ambos hemos pasados por diferentes etapas en nuestras vidas laborales. Al principio cuando él estaba “casado con la hotelería”, yo aún no tenía el nivel de compromiso con mi carrera, y compensaba en el hogar sus ausencias. En los últimos años se invirtió la moneda, y ahora que él está prácticamente retirado, a la que le ha tocado correr más ha sido a mí. Como él pasó por eso, y vio el apoyo que le di, hoy él hace lo mismo y me ayuda tremendamente. Esto ha permitido que uno de los dos siempre este ahí para los muchachos.

[b]Mariasela, ¿Cómo puedes definir la personalidad de Alberto?[/b][br]Una de las cualidades que resaltan a primera vista es su inteligencia. Posee una mente brillante y una excelente cultura general. Alberto se conoce el mundo como un libro en su bolsillo, y puede conversar sobre cualquier tópico, con destreza y conocimientos profundos. También ha sido un gran luchador. Sólo así pudo lograr superar las circunstancias adversas de su infancia y juventud. Por otro lado, puede ser muy terco, y a veces más radical de la cuenta, pero tiene un corazón muy noble. Es discreto, amante de la sencillez, generoso, solidario y auténtico, y aunque es poco dado a hacer muchos amigos, se gana el respeto, la admiración y el cariño de todo el que llega a conocerlo.

[b]Y tú Alberto, ¿Cómo defines a Mariasela?[/b][br]Mariasela es una mujer con mucho temple, una personalidad definida y con un gran amor a Dios. Su verticalidad en sus principios es una de las cualidades más hermosas en ella, porque en estos tiempos en que hay una gran escasez de todo, y también la honestidad es muy difícil de encontrar, en ella se rebosa. Ha sido, es y será una de las más bellas, interna y externamente, flores del jardín de las mujeres dominicanas, y una de sus más dignas representantes. Una persona intachable y además ¡hermosa! Hoy sé que Dios quiso que ella fuera a Puerto Plata, hace ahora veinte años, para rescatar a este ciudadano cuya vida necesitaba enrumbarse.

[b]¿Cuál ha sido el momento más difícil en sus vidas, ya sea de manera individual o como pareja?[/b][br]Como pareja hemos tenido muchos en el pasado, pues ambos somos fuertes de carácter, quizás los más críticos han sido las dos separaciones; la primera a los siete años de casados, y la última, hace tres años. Pero los buenos momentos compensan con creces a los malos.

[b]¿Cómo han logrado superar las adversidades?[/b][br]Haciendo que al final prime el amor por encima de las diferencias. Cuando se piensa que ya no hay porque luchar, se debe recordar lo que de esa persona te enamoró, los momentos felices, y hasta los tristes que se han compartido, las cosas buenas que vas a añorar si las pierdes, y sobre todo, se debe poner a un lado el orgullo. Ese no es más que un necio sentimiento, que a lo único que nos conduce es a la soledad.

[b]¿Cuáles son sus recuerdos más felices?[/b][br]Muchos, imagínate en veinte años lo que se vive, pero los nacimientos de nuestros hijos y nuestra boda religiosa han sido, sin duda alguna, los más felices.

En esta etapa de sus vidas,

[b]¿Cómo se sienten?[/b][br]Esta es una de las mejores de nuestra vida en común, ya que el acercamiento a Dios nos ha hecho más comprensivos y tolerantes a ambos; aparte de que estamos más contentos y en paz, sin importar las circunstancias que nos rodeen.

[b]¿Qué significa Alberto en tu vida?[/b][br]El amor, la estabilidad emocional y lo que me falta.

[b]¿Qué representa Mariasela para ti, Alberto?[/b][br]Bueno, si empiezo a enumerarlo no termino… Creo que mejor lo defino en una forma simple y contundente “Mi otra mitad”.

[b]¿Cómo pueden definir su matrimonio?[/b][br]Ni todos los logros profesionales de Mariasela, ni los míos, pueden compensar la alegría y armonía que existe en mi corazón cuando puedo gritar a los cuatro vientos que Jesús me hizo nacer para encontrar a mi otra mitad en el otro lado del mundo, y que somos felices entre nosotros, con la amorosa mirada de Él todo el tiempo, y queremos ser un ejemplo de “viejitos” caminando de manos juntos, hacia el ocaso de nuestras vidas, hacia su luz.

[b]Mariasela, siendo tú una comunicadora, el público llora tus penas y aplaude tus alegrías, ¿Cómo te sientes ante esa situación?[/b][br]Como una persona no merecedora de tanto cariño sincero, aunque sí muy agradecida y humilde ante el.

[b]¿Cómo les ha cambiado la vida después del encuentro con Jesús?[/b][br]Nos está haciendo mejores personas. Es largo el trayecto que nos lleva a la santificación que nos pide Jesús, y quizás nunca lo recorramos del todo, pero mientras más alta está la meta, mayores los logros… no?

[b] ¿Te sientes complacida con lo que te ha dado la vida? [/b][br]Sí, pero me siento más complacida aún con lo que he hecho, de lo que me ha dado la vida.

[b]¿Qué te falta?[/b][br]Ver a mis hijos crecer, y convertirse en hombres y mujeres de bien.

[b]¿Cuáles hobbies comparten tu y Alberto como pareja?[/b][br]La verdad es que nuestros gustos y aficiones suelen ser muy distintos, pero cada uno tiene la libertad de disfrutarlos.

[b]¿Qué es el amor para ti?[/b][br]La fuerza, la razón y la inspiración.

[b]¿Qué significa la familia para ti?[/b][br]Después de mi relación con Dios, ellos son lo más importante de mi vida.

[b]¿Cuáles son tus planes futuros?[/b][br]Antes solía hacer muchos planes, pero con el tiempo me he dado cuenta de que es mucho más sabio vivir el hoy con intensidad, y dejar que Dios se encargue del mañana.

[b]En tiempos que la palabra divorcio se hace más común entre las parejas, ¿Qué consejos le darías a los matrimonios que viven dificultades?[/b][br]Que pongan a Jesucristo en el centro de sus vidas. ¡La diferencia es del cielo a la tierra!.

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