Más atención al daño ambiental

La sociedad dominicana muestra, con diversas acciones comunitarias contra la proliferación de basura, el grado de alarma que particularmente genera a muchos ciudadanos la contaminación que deviene del lanzamiento irresponsable y creciente de desechos plásticos que van a parar a ríos y costas. Al balance de los daños ambientales se suma el vertido de aguas residuales que por falta de efectivos sistemas de alcantarillados sanitarios llegan a los medios acuáticos sin un proceso de tratamiento. Mucho se sabe que, en ese orden, el Gran Santo Domingo ha sido territorio libre para las perforaciones ilegales del suelo de que se valen muchos ciudadanos para deshacerse de los fluidos desechados por hogares y negocios. La batalla contra la generación de desperdicios acrecentada por la expansión de asentamientos humanos y procesos industriales, ha tenido un comienzo tardío.
En el país ha faltado un proceso de planificación y ejecución de programas y obras de saneamiento y como resultado los habitantes de las ciudades coexisten con entornos y subsuelos degradados con las peores consecuencias para zonas muy pobladas como las cruzadas por los ríos Isabela, Ozama y Yaque del Norte, agredidos como cloacas. Aun cuando existe un discurso de preocupación por los daños ambientales y están en marcha algunos proyectos de mitigación, recuperarse del tiempo perdido amerita mayores esfuerzos.

Vulnerabilidad de los médicos

Las incursiones a hospitales de delincuentes y de otras personas decididas a ejercer violencia por insatisfacciones con el servicio han sido frecuentes. Las situaciones causadas por el desenfreno de intrusos han debido tomarse en cuenta desde antes para establecer medidas de permanencia y validez para todos los centros que lleven seguridad al personal que en ellos presta servicio. El hecho de que a estas alturas no exista el protocolo que rija para esos fines es una lamentable omisión institucional.
Hasta hace poco tampoco había protocolos para la atención certera a pacientes que acuden en gran número por cíclicas enfermedades de alto riesgo. se trata de un vacío de directrices y controles gerenciales en un país que ahora invierte más en su red hospitalaria, un acierto de lo material opacado por fallas de gestión humana.