Más protección a los hospitales

Los denunciados casos de sustracción de recién nacidos en centros hospitalarios o tras salir de ellos, y las alarmantes irrupciones de violentos familiares y amigos de pacientes que en varias ocasiones amenazaron o agredieron a médicos en áreas de emergencias, configuran un estado de inseguridad que debe ser enfrentado por autoridades con medidas de permanencia. El acceso a dependencias de hospitales debe ser restringido por un personal entrenado y con medios apropiados para rechazar cualquier intento de robo o agresión. No puede tolerarse más la incursión de personas extrañas a lugares reservados para madres y bebés colocados bajo especial atención facultativa de post parto.

Así como las labores asistenciales son regidas por protocolos trazados para cada enfermedad, la presencia de personas al interior de los centros debe estar reglamentada haciendo respetar áreas exclusivas para pacientes y el personal que los atiende. La protección a los servicios de emergencia de hospitales tiene que estar diseñada para aplicarse desde sus periferias y es imprescindible que la atención a víctimas de violencia y accidentes de tránsito esté inflexiblemente separada de personas ajenas a las funciones de los médicos y enfermeras que no pueden seguir exponiendo su integridad física mientras tratan de salvar vidas. En realidad ha faltado decisión para reforzar la seguridad en los hospitales.

Evitar daños que son recurrentes

Prevenir las inundaciones en zonas urbanas y rurales a las que repetidamente les ocurre lo mismo cuando llegan los cíclicos temporales debería convertirse en prioridad con el uso de recursos para construir drenajes y barreras contra la acumulación de agua, tarea que debe asumir el Estado que dispone de equipos y personal, aunque es notorio que no siempre conjura a tiempo los perjuicios causados por crecidas. Existe una deuda de atención a comunidades castigadas por lluvias anteriores.
A la falta de prevención se suma lo tardío de algunos remedios, una falta de agilidad oficial que prolonga el efecto de daños sobre la comunicación terrestre en perjuicio de la agricultura y el diario vivir de moradores en secciones y parajes. El clima se está volviendo más trastornador. Las soluciones deben ser más expeditas.