Matrimonio sin divorcio

El concepto “Una e indivisible” invocado por los partidarios encubiertos y a ultranza de la unificación de las repúblicas de Haití y Dominicana, ha sido históricamente desarticulado por la realidad de una diferenciación socio-cultural y no solamente territorial.

Franceses, españoles e ingleses intervinieron para que así fuera, conforme a sus intereses hegemónicos, utilizando títeres isleños para promover guerras y disputas en las que luego, casi sin adversarios, se envolvieron los norteamericanos; pero, aún así, la idea no ha prosperado.

Todos sabemos que la parte dominicana de la isla es más grande, más productiva, menos poblada y más rica y que la mano de obra barata de los haitianos pasó de puramente agrícola o azucarera, a urbanística e industrial, adquiriendo un sentido de “indispensabilidad” para los explotadores de siempre, creando en los haitianos la percepción de residentes y, previas incuestionables realidades reproductivas humanas, la fe sobre su ciudadanía.

Lo que también todo el mundo sabe, pero sacan del debate, es la realidad de que existe un matrimonio sin divorcio entre haitianos y dominicanos porque hoy es imposible recoger a todos los haitianos y colocarlos a sangre y fuego del otro lado de la frontera, porque sería un conflicto de impredecibles consecuencias debido a que los que están dentro de territorio dominicano son tantos, que ya no hay espacio para acogerlos en su propia tierra.

La disyuntiva es cruel, pero desgraciadamente sin escapes: O los ayudamos o los enfrentamos. La respuesta es obvia porque los humanos tenemos el mismo valor absoluto y en ese sentido, una vida haitiana vale lo mismo que una vida dominicana, no importa de cuál lado de la frontera se pierda.