Me enojo por todo

Soraya Lara de Mármol

Pregunta de la lectora: Me enojo por todo, con todo el mundo y con mucha facilidad. Me siento impotente. Esto me ha traído muchos problemas. Termino distanciándome de los compañeros de trabajo. Terminé con mi novio porque le peleaba mucho. Todo me lo encontraba mal. Me desespero con facilidad con mis hijos. Mis padres son iracundos. ¿Cree que lo aprendí de ellos?

Respuesta de la terapeuta: La ira tiende a provocar daño, no solo sobre quien se dirige sino sobre la persona que la expresa. Impacta sobre la fisiología, por ende en la salud física y emocional, permea el estado del ánimo y mantiene activa a la persona mediante una actitud de hostilidad y psicoreactividad.
Antes de que ocurra una descarga de la ira, hay una secuencia de pensamientos que suceden que aumentan la hostilidad y preparan para que se desencadene la ira.
Es importante que tome en cuenta que cuando se descarga la ira, es probable que la expresión y su intensidad sea superior al estímulo o situación. Ira y situación son inversas. Es decir, agredir verbalmente a alguien: la intensidad, el tono de voz, los gestos, la respiración las palpitaciones no se correspondan con lo que pasó.
Una vez ocurrido el evento, reflexione sobre su conducta y el daño emocional o moral ocasionado sobre la persona agredida. La mayoría de las veces, se piensa más sobre el alivio sentido en la descarga de la ira que en las consecuencias.
Cuando la persona ha perdido la capacidad de controlarla los episodios, se hacen más frecuentes y el período de la expresión entre una situación y otro se achica, lo que incrementa su malestar personal, por lo que se siente impotente y frustrada.
Es probable que de sus carencia de controles internos y del control externo de la ira, usted aprendiera a enfrentar los conflictos, las diferencias, la frustración y la impotencia mediante este mecanismo.
Muchas personas usan la ira como un mecanismo defensivo. No para defenderse de las demás personas sino de sus propias sombras.
Le recomiendo hacer un diario en el que pueda anotar aquellos pensamientos que activan la ira acumulada y cuáles son los que sirven para justificar su expresión o manifestación.
Mientras desarrolla su diario, incorpore ejercicios de respiración para relajarse. Evite pelear con sus pensamientos y ahuyentarlos, déjelos pasar y concéntrese en escuchar su respiración.


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