Med 76: promoción médica especial

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Como médico neurólogo, miembro de la fecunda promoción ¨Med-76¨, me gustaría compartir con ustedes, mis amables lectores, que tuvimos una muy grata experiencia el pasado sábado: la reunión que hacemos anualmente, la cual en esta oportunidad se llevó a cabo en el Rancho Papachito de Jacagua, en Santiago. Tal como señaló el Dr. Eusebio Rivera Almodóvar, compañero de promoción, en su columna de los miércoles en este diario y con quien tuvimos el alto honor de compartir la mesa ese animado y fraternal día: ¨(…) con un indisoluble y mutuo aprecio, reiteramos nuestra hermandad, sellada por episodios conjuntos y vidas unidas por el destino, enseñando a nuestras familias, amigos de otros oficios, a hijos y nietos, que la amistad es sublime cuando es sincera, aprendemos que aun con arrugas seguimos enamorados de la vida, haciendo el ridículo para divertir a los compañeros y haciendo de héroes cuando han estado en peligro¨. En la guagua en que nos fuimos entre chistes y anécdotas recibimos las finas atenciones del gastroenterólogo Arístides Peguero y su esposa Carmen Ligia Uribe que junto a Carmen Antoine nos agradaron a todos. El acto en Santiago se inició con las canciones del ¨bardo¨ macorisano Dr. Pablo Holguín, quien luego nos obsequió a todos el libro con su más reciente producción poética.
El comité organizador, presidido por la Dra. Luz María Espinosa (Binita), estuvo muy efectivo. Se reconocieron por sus méritos a los colegas Bélgica Beato de Gamundy, Orlando Mejía, e In memoria al recordado Fidel Mejía Ramírez. Deseo luego de más de 40 años, reiterar la eterna gratitud a nuestros maestros, y como reza el Juramento Hipocrático: “Juro por Apolo, médico, por Asclepios, y por Higía y Panacea y por todos los dioses del Olimpo, tomándolos como testigos, cumplir este juramento según mi capacidad y mi conciencia: Tendré al que me enseñó este arte en la misma estimación que a mis padres”. Por otro lado, deseo mencionar a (limitación de espacio) solo a algunos de nuestros valorados profesores Osvaldo Marté Durán, José Joaquín Puello, Pericles Franco, Victoria Sánchez de Peralta, Hugo Mendoza, Abel González, Guarocuya Batista, Marcelino Vélez, Rubén Andújar, Bernardo Defilló, Arnaldo Espaillat, Rafael González Peña, Mario Tolentino y así otros muchos a los que hoy queremos agradecer desde el hondón de nuestros corazones y decirles que solo hemos tratado de imitarlos, manejándonos todos como promoción lo más adecuadamente posible ante la cruda realidad médica actual donde la tecnología, la modernidad, la globalización, la disponibilidad de información del gran público y lo mercantil obligan al médico que quiere dar un buen servicio a ser culto, muy sensible, comprensivo, actualizado, con espíritu inquisidor, con capacidad comunicativa y creadora y por encima de todo, no perdiendo el norte de lo principal: tiene que ser ante todo ¡humano!
Sentado en la actividad, en un momento de meditación pensando en las 4 décadas de ejercicio médico, reafirmé una vez más que lo volvería a intentar igual y pensé en lo que dije la noche que me hicieron ¨Maestro de la Medicina¨. El maestro, categoría que adquiero esta noche, la agradezco, me enorgullece y me compromete aun más a seguir la prestigiosa labor como médico y educador heredada desde mis abuelos, mis tíos y mi padre, intensa fuerza que por ser genética escapa a las circunstancias y que es como el espíritu que no infiere, no entra en cavilaciones filosóficas, sino que es un irrefrenable ímpetu interior al que usted no se puede negar. El lograr esta categoría de “Maestro” por los años de ejercicio, me lleva a comprender que más importante que la inteligencia es la lucidez, que más imprescindible que el conocimiento es la indoblegable intención de que el conocimiento no se utilice para destruir la única cementera en donde este puede germinar. Si la cultura es grandeza, lo es porque se halla indisolublemente ligada a la generosidad y a la filantropía.
Sabido es que la salud es el más preciado de los bienes, por tanto el ejercicio médico debe seguir siendo un apostolado, los médicos merecemos en nuestro balance cultural, un espacio amplio y digno, una página justa y honradora por ese gran anhelo humano y casi divino, de redimir al hombre de sus esclavitudes morbosas y epidémicas. ¡Gracias del alma a todos!