Media Naranja

Por ANGELA PENA
No vivan solos, por si se caen
No son pocas las personas que han fallecido a causa de una caída. El dominicano no da importancia a este imprevisible suceso y pocos toman medidas para evitarlo, aunque estén ya en la edad en que un simple tropezón podría resultar fatal. Son escasos los baños con barras. El calzado especial para caminar con seguridad no es de uso frecuente. Los mayores andan o viven prácticamente sin compañía y por eso es tan impresionante el número de ancianos y ancianas que deben terminar sus días en silla de rueda o valiéndose de un andador. Los ortopedas deben tener estadísticas escalofriantes al respecto.

“Un traspié puede tener consecuencia mortal. Y esto ocurre en siete de cada diez personas de la cuarta edad que se caen en el hogar, la residencia geriátrica o, incluso, en el hospital. A partir de los 75 años el adulto mayor se cae de una a dos veces por año, y las caídas son la causa de mortalidad por accidente. Sin embargo, no se les presta ningún tipo de atención”, aseguró el doctor Hugo Schifis, reconocido geriatra y gerontólogo, en un informe que recoge el periódico La Nación, de Argentina.

Dice que entre las situaciones riesgosas que predisponen a una caída están bajar las escaleras, usar chancletas, recibir el saludo efusivo del perro de la casa, tropezar con el juguete de un nieto, resbalarse en la ducha, bajarse de la cama, usar sillas plásticas o pisar alfombras. “La circunstancia más común, agrega, se da en la escalera, al bajar el último escalón, donde la persona “pone el piloto automático” y se guía por la baranda que termina un escalón antes”.

“Es que el envejecimiento natural reduce la capacidad de recuperar la estabilidad rápidamente, disminuye la visión en la oscuridad y afecta la fuerza para sostenerse. El problema es que una persona empieza a sentirse vieja y se da cuenta de que su vida cambió sólo cuando se cae por primera vez”, manifestó el especialista.

Recomendó, como un hábito de prevención, no intentar esquivar o pasar por encima de objetos en el piso, bajar o subir escaleras con cuidado, “desterrar” la bañera, elevar el inodoro y el bidet para evitar desplomarse si se padece de artrosis de cadera, utilizar las agarraderas en los baños, entrar y salir de la cama con cuidado, eliminar las alfombras pequeñas, evitar usar sillas plásticas, y utilizar luz intensa… Las sillas y mesitas blancas de plástico que suelen estar en los jardines o los balcones están contraindicadas. El calzado debe tener suela de goma acanalada y sostener el talón para no chancletear”

Enfatizó Schifis: “Basta con que se produzca una caída, con o sin fractura, para que aparezcan no sólo una catarata de condiciones físicas adversas que permanecían escondidas, sino también (con mayor o menor intensidad) el síndrome de poscaída, es decir, el temor a volver a caerse. Esto hace que la persona se vuelva más solitaria, temerosa, pierda el interés en salir a pasear y en llevar adelante su vida con normalidad”.

Por este motivo, concluyó, “a partir de los 75 a los 80 años una persona no puede vivir sola, en especial si es un “anciano frágil”, es decir que tiene algunos de los llamados “gigantes de la geriatría”: inmovilidad, inestabilidad, incontinencia, incompetencia intelectual o iatrogenia medicamentosa (enfermedad causada por un fármaco mal indicado)”, explicó. Fabiola Czubaj, de la redacción de La Nación comenta: “Por todo esto, si pasó de los 60 y se siente “fuerte como un roble”, es hora de empezar a tomar medidas que ayuden a prevenir una de las causas más comunes que a partir de los 75 pueden restarle fortaleza para seguir disfrutando de los años por venir”.