Mediciones en discordancia

Vista desde organismos gubernamentales, la agropecuaria dominicana vive un gran momento con financiamientos razonables, mejores reglas y motivaciones con visitas sorpresa para que en zonas dispersas el campesinado ensaye con éxito el cooperativismo con apoyo estatal. Muchos productores de recia crítica no ven en ese método un respaldo global e integral al desarrollo de sus ámbitos rezagados mientras el propio oficialismo admite que falta mucho por hacer, habla de milagros a futuro y reconoce que el clima cambiante y extremo se impone sobre lo que el labriego dispone; desordena ciclos y hacen perecer grandes cosechas mientras la falta de riego en los lugares que más alimentos deben producir arrastra renglones hacia las manos del etéreo ministro de Agricultura llamado “Lluvia”.

Al margen del optimismo oficial y del rechazo del sector tradicional del campo, preocupa el agudo déficit de balanza comercial con elevación de importaciones y endeudamientos que dejan muy atrás las exportaciones, sobre todo las del agro. Las fuertes corrientes migratorias hacia ciudades y desde ciudades hacia destinos del exterior son gritos de desesperanza, de desempleo rural y urbano, especialmente en jóvenes con más de un 30% que no trabaja ni estudia; y una presencia masiva e incontenible de mano de obra barata, foránea e indocumentada. Muy malas señales económicas y sociales.

Hacer camino al andar… en mulos

En la interacción campo-ciudades el mal estado de los caminos atormenta a muchos agricultores. Se trata de vías imprescindibles para la vida económica pero vulnerables a lluvias y avenidas que en un santiamén destruyen lo invertido en ellas. El propio ministro de Agricultura, Osmar Benítez, habla de caravanas de más de cincuenta animales de carga bajando de “Los Arroyos” de Baoruco con parte de las cosechas. Uno de los ejes de su gestión aborda el tema.

El Estado funciona con déficits que restan suficiencia a algunas áreas de servicio mientras se sobrevive con gruesos endeudamientos. Pero la logística que tienen que ver con el mantenimiento de la comunicación terrestre con fincas debería tener prioridad en un país que ensancha cuestionablemente y con personal supernumerario el servicio exterior.