Melissa Roedán, clamor y homenaje a la libertad

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Las circunstancias hicieron que solamente ahora viéramos por primera vez una exposición individual de Melissa Roedán, cuando antes ella había presentado dos muestras en la galería Arte San Ramón Contemporáneo.

Esta joven dominicana que comparte trabajo y residencia entre Santo Domingo y Florencia, pertenece a la clase de artistas cuya obra es inolvidable, una vez descubierta.
Dueña de una sensibilidad y un oficio inseparables, conjuga potencia expresiva, técnica plural, agudeza estética: sean dibujos, pinturas, esculturas, instalaciones, a menudo categorías mixtas, todas exhalan fuerza y compromisos vitales.
Una pieza pequeñita puede alcanzar una “dimensión” monumental, tanto por su mensaje punzante como por su factura meticulosa y un ensamblaje inesperado…
La exposición. Con motivo de su aniversario, Arte San Ramón ha ampliado sus espacios de exhibición. En la primera planta, la muestra de Melissa Roedán cuenta con un lugar privilegiado y un montaje que destaca la calidad de cada obra, aliando la sutileza con la contundencia, la poesía con el drama.
“Me llamo libertad” es una intensa profesión de fe: Melissa Roedán firma y afirma. Los elementos constitutivos de las piezas se convierten en metáforas de una íntima convicción, social y existencial, singular y universal.
Cabe referirse a estos testimonios visuales en particular.
Las mariposas –¡una reproducción perfecta!– simbolizan lo efímero y frágil de la vida. Sin embargo, la supervivencia no significa utopía si nos unimos… “Inocente mariposa”, “442 Butterflies”, “171 bolsitas de té transparentes”, y varias obras más lo susurran, lo repiten, lo enseñan.
En cuadros-escenarios, impactantes todos, el pie –más bien la punta del pie– carga un mensaje estremecedor. Fragmentado, apresado, cementado, sepultado, sangriento, dorado aun, sigue y seguirá caminando. No es casualidad si una obra se titula “Inmigrantes”….
La araña, otra alegoría de la perennidad, teje aquí su pesada subsistencia inexorablemente, y ojalá el globo rojo, símbolo de libertad, rompa sus ataduras.
Los valores. Ahora bien, metáforas, implicaciones, cuestionamientos, tan reales y dramáticos, se expresan con un esmero y unadelicadeza increíbles. Se multiplican y se renuevan con igual encanto, con los más variados materiales y técnicas.
Obra tras obra, papel, tela, cemento, piedra, cerámica, hilo, tabla, costura, pincelada, “collage”, modelado, construcción, alternan, se suman y seducen.
La creatividad abarcadora de Melissa instrumenta su compromiso, la belleza hace más eficientes la alusión y la protesta.
Hay también la presencia recurrente de miradas, ojos y rostros fragmentados. Simbolizan la consciencia y/o la inocencia –está el pequeño hijo de la artista–.
No los sentimos como una introspección, leemos en ellos una invocación.
Melissa dice “Me llamo libertad”, sus obras llaman, a veces gritan silenciosamente.
Una vez más, se trata de una obra contemporánea abierta, susceptible de diferentes lecturas, participantes siempre. La nuestra ha sido dramática, otras pueden ser más exteriores, ligeras, lúdicas o fantasiosas.
Luego, no basta la simple ojeada, contemplar se impone y evidentemente recordar…
Una gran artista, Melissa Roedán, ha surgido, enriqueciendo el arte nacional y europeo.


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