Memorias para el maestro Carlos Cruz Díez en sus 94 años : Evocando su acribillado Monumento Canquiña Molinero.

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CARLOS CRUZ-DIEZ ENTRE NOSOTROS.
En esta historia que se va narrar, es posible que Albert Einstein sin saberlo se quede corto y se verá cómo la incultura maldita, la ignorancia toda, puede dejar a videntes sin ojos y sin luces al frente.
Carlos Cruz Díez nació, para divertirse, en Caracas un 17 de agosto de 1923, casi coetáneo con Rafael Landestoy Duluc-Bullumba-…
Cuenta que una tarde en pleno corazón del llano venezolano descubrió matices de las luces, él con la gracia y el encanto de una persona que tiene 94 años, aún narra como si tuviera 17, y dice:
“Porque a mí me marcó la primera vez que fui al llano y como a las cinco de la tarde comenzó a bajar el sol y todo se volvió naranja. Los árboles dejaron de ser verdes, la tierra ya no era marrón, el cielo no pintaba de azul… ¡todo era naranja! Eso quedó grabado en mi mente”,
-Carlos Cruz-Díez, la vida en el color ,documental-
El maestro que alguna vez estuvo entre nosotros y con orgullo junto a Martín López y Rhina Ibert, fuimos sus anfitriones, a inicios de los años 90 del siglo XX, tiene la obsesión propia de quien tiene el segundo apellido del fundador de nuestra República, en más de una ocasión hablaba jocosamente del tema.
Porque Juan Pablo Duarte y Díez era su tío abuelo, él vino a regalar una obra en 1993, a la tierra de su pariente, esa es parte de la historia.
LA OBRA Y LA ILUSIÓN: LOS MOLINOS O EL MONUMENTO CANQUIÑA.
Como se recordará, Carlos Cruz-Díez visitó la República Dominicana en los años 90, con el fin de hacer una obra Cinética, en su mejor estilo multicromático.
Los silos de los molinos dominicanos fueron escogidos por varías razones:
A) La obra tenía una perspectiva urbana interesante, vista desde la parte colonial hacia Villa Duarte.
B) El río Ozama divide el lugar de donde estaría el monumento, y en sus espejos el toque pluvial daría fuerza al cinetismo de los colores, tal como fue.
C) La avenida Francisco Alberto Caamaño Deñó serviría entonces de eje de movimiento visual para todo aquellos que circulando en un carro o a pie viniese de la Ciudad Colonial hacia Villa Duarte, como fue: chocaba visualmente con el monumento, tenía la sensación visual de que se movía.
Recuerdo haber escrito entonces :
Maestro loco de contento por su presencia aquí, ilusionados como niños con un cándido Tíovivo nuevo tanto tiempo esperado, o una canquiña traída de Venezuela a Villa Duarte, usted nos hace habitantes afortunados de su famoso cosmos cinético.
Bordeando a distancia los silos afortunados, habrá que acudir a la frase prodigiosa de reafirmación de la ciencia astronómica en los siglos: sin embargo, se mueven.
Constatación que llama a la curiosidad, cuando uno busca el efectismo por todos los rincones de esta ciudad, hoy con nuevo monumento, que borra la dolorosa memoria del 1965, cuando la mirada telescópica del Marine Douglas, apostado en los saquitos verdes, hiciera famosa la frase: “Están tirando de los molinos”.
(Texto de CFE, publicado en El Nacional1993).
Entonces, Carlos Cruz-Díez, en la bonhomía propia de todo hombre de desbordante talento, con sus pinturas cinéticas en los silos, le regalaba a la mirada colectiva del pueblo dominicano un post vanguardismo cromático que otras ciudades del mundo sí han sabido atesorar: La Habana, París, Panamá, de reciente hechura.
ACRIBILLAR UN MONUMENTO EN PLENAS NARICES DE SUS DOLIENTES.
La embajadora María Clemencia Jiménez, quien representó a Venezuela en nuestro país, hizo de ese trabajo un fervor. Marianne Tolentino, Verónica Sención y otros dolientes pusieron el grito al cielo.
Aquel fue un ejemplo de cómo el Estado, ni siquiera por respeto a la donación de una embajada, es capaz de ser sensible al valor del patrimonio cultural, habrá que mandarlos a nacer, quizás del mejor modo…
Carlos Cruz-Díez, artista de fama mundial, que ha pintado calles por el mundo, artista de fama universal; con ese sobrino-nieto de Juan Pablo Duarte, este país tiene una larga deuda y nos salvamos, porque a pesar de todo: lo toma a chiste, modo generoso de no maldecirnos. ¿Lo merecemos ?… (CFE)…


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