Menos democracia, por favor

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Si es verdad, como dicen o establecen algunos que nuestra sociedad está estructurada democráticamente, sería muy lógico que pensáramos que todos los dominicanos participan en algo así como algarabía en la cual chocan un sin número de objetivos y propósitos particulares o personales bien determinados, que se hacen resistencia e impiden una vertebración y organización.
Vivimos una época en que políticos de un partido están contra políticos del mismo partido, periodistas contra periodistas, presos contra presos y hasta obispos contra obispos. Y entonces surge la pregunta ¿eso es la sociedad? Es acaso una simple capa de violencia que se esparce sobre ella o tal vez una negra sombra en medio de la caverna.
Parece que vivimos un mundo de intereses y objetivos fatigados, en una democracia donde reina la anarquía, por lo menos es lo que se alcanza a la vista, es lo que padece una sociedad refugiada en el reclamo sin sentido e impaciente.
Son fórmulas que solo sirven para justificar los desmanes. Todos padecemos del mismo mal a cualquier exigencia, viene la respuesta indeseada “no sabe usted con quién está hablando”. Estamos en democracia, Trujillo murió ya hace muchos años. Es que el explosivo estuvo ahí, sino en los intereses de posición de mando o de dominio. Cada dominicano es un tirano en potencia. Todo el mundo actúa como si tuviera al frente a un naufragio y quisiera salvarse del mismo; agarrados a todo a aquello que pudiera apropiarse. Nadie respeta a ancianos, niños ni mujeres. Somos dueños absolutos, parece como si estuviéramos equizofrenéticos y no es que exageremos, pero lo que sucede es verdad, es que la gente está pidiendo más de lo que se le puede dar, es preciso menos democracia y más autoridad, porque la sociedad de seguir como va, bordeamos el precipicio.