Mensaje de la Editora

“Quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido,equivale a mantenerse con vida pero no vivir.”
Hay dos fuerzas que igualmente paralizan al hombre: la inconformidad y el temor.  Muchos viven vidas sin sentido, renegando lo que tienen y sintiéndose infelices con su vida, mientras desean y envidian la “suerte” de los demás. 

Una gran cantidad de personas “trabajan” sin ilusión, sin el más absoluto deseo y en consecuencia, el resultado es un trabajo mediocre y una actitud de derrota.  Otros tienen un “empleo” en lo que encuentran otro, y por supuesto, al que tienen, le dedican el menor esfuerzo. Sin embargo, es pertinente preguntarles, ¿No te gusta tu empleo? Imagínate que lo has perdido. En ese momento, quizás empiezan a valorizar sus virtudes, las grandes oportunidades de crecimiento que tuvieron en sus manos, la importancia de lo que hacían y sus potencialidades para justamente lograr sus objetivos. 

Porque sin dudas, la mayoría de los seres humanos son inconformes. Sueñan con lo que no tienen, y mientras tanto, desperdician sus momentos y a la larga, sus vidas. Esta inconformidad va desde la parte material (casa, carro, televisor, celulares, etc.) hasta las ambiciones más elementales como ser feliz, encontrar una pareja estable, lograr reconocimiento, o encontrar el amor.  Y es que se ha perdido de vista que lo único realmente importante, auténtico y real, es lo que tenemos hoy, ahora, en este instante. 

Convertirlo en algo placentero, satisfactorio y de gozo, es nuestra responsabilidad. Por eso, debemos amar lo que hacemos, entregarnos con pasión, agregándole emoción y creatividad, como si fuera el gran proyecto de sus vidas. Muy pronto se darán cuenta que la rueda empieza a rodar por caminos de éxito, de oportunidades y proyectos que solo soñaba pero nunca podía realizar. Porque sin dudas, el éxito se construye, no nos llega del cielo, ni tampoco como herencia. Podemos tener en nuestras manos un imperio, pero si no lo trabajamos adecuadamente, con criterio de triunfadores, sin lugar a dudas, desaparecerá.

Y el otro lado de la balanza es el temor. Ese miedo a lo desconocido que muchas veces nos ata a la rutina y la cotidianidad hasta el hastío. Nos da miedo crecer, nos da miedo cruzar lo conocido, nos da miedo arriesgarnos, pero sólo el que se arriesga triunfa.

Pero la vorágine del mundo que vivimos hoy es devastadoramente paralizante. Nos dan todo computarizado, digitalizado, informaciones precisas para cada caso, y especialidades cada vez más sofisticadas, aíslan los múltiples talentos que todos tenemos, y nos van minimizando nuestras potencialidades. Muy pronto, nos damos cuenta de que no servimos para casi nada, si se sale del límite de lo que acostumbramos a hacer. Y, quiéralo o  no, ese es el mundo que estamos legando a nuestros hijos. Con todo lo que hemos avanzado tecnológicamente, nos hemos descuidado en criar hijos con temple, con carácter. Hijos que puedan asumir los retos del futuro. Hombres y mujeres capaces de enfrentar dificultades y salir airosos.

La pregunta sería ¿Cómo preparar a nuestros hijos para que puedan ser mejores ciudadanos del mundo? Sin lugar a dudas, debemos prepararlos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. Debemos preocuparnos de sembrar esos principios que hacen a los hombres triunfadores, algo que precisamente no estamos viviendo hoy día, porque para forjar el carácter, sembrar principios y legar valores, hace falta coraje, tiempo y dedicación y sobre todo, una clara visión de lo esencial. Sin embargo, trabajamos muchísimo, al punto de no tener tiempo para ellos, para darles muchas cosas, cuando la carencia es parte vital del aprendizaje. Hacemos cualquier cosa para que no sufran, cuando el sufrimiento es parte de lo humano y son ellos los que tienen que aprender a palearlo.

Cuando veamos el éxito en los demás, no envidiemos. Mejor, aprendamos de sus esfuerzos, de sus sacrificios, de su manera de lograrlo. Cuando nos paralice el miedo al riesgo, tenga como modelos a todos los que han triunfado, y ¡arriésguese!  Y por encima de todo esto, un solo consejo que supera a todos los demás: tenga siempre a Dios como su aliado. Con El en su vida, en sus decisiones, y en sus esperanzas, verá sus proyectos hacerse realidad y su vida cobrar un nuevo ingrediente de gozo, alegría y plenitud.

En nuestra portada y entrevista central, les presentamos a Eric Trump, un verdadero ejemplo de que la herencia no es suficiente. Hay que trabajar duro, hay que sembrar su propio camino. Y Eric Trump nos lo confirma a través de sus interesantes proyectos y la gran admiración que siente por su padre, confirmando que “el que siembra, cosecha”.  Pero además, interesantes reportajes, y las actividades más relevantes de esta primera quincena del año 2008, llenan nuestras páginas de rico contenido que esperamos disfruten a plenitud.

Hasta la próxima y que Dios les bendiga.