Mercado nuevo en vieja zapata

El intercambio comercial entre República Dominicana y Haití estrena en Dajabón un moderno mercado, obra resultante de una alianza entre el Gobierno dominicano y la Cooperación Europea. Es un importante salto cualitativo en las condiciones que han caracterizado las añejas operaciones de compra-venta entre dominicanos y haitianos. El resultado debería ser mayor funcionalidad e higiene, y tal vez mejores expectativas de volúmenes de negocios y movilidad económica periférica.
Sin embargo, la indiscutible utilidad del nuevo mercado se asienta sobre la vieja zapata de la informalidad, una condición que le resta al intercambio comercial las ventajas que pueden derivarse de la formalidad, basada en pautas que garanticen mutuos beneficios y estimulen, inclusive, mayor diversificación de las ofertas, posibles, encadenamientos y alianzas estratégicas con miras de conquistar nichos del enorme mercado de consumo del entorno caribeño.
La iniciativa que ha dado lugar a la modernización estructural del mercado de Dajabón merece un aplauso. Quizás deberíamos replicar esta obra en otros puntos fronterizos. Pero debemos enfatizar mucho más en los aspectos que caracterizan la arcaica modalidad de intercambio. No olvidemos que Haití es en el hemisferio nuestro segundo socio comercial en importancia.

Que sean materias básicas

La escuela debería enseñar la Constitución, los valores patrios y los principios de convivencia pacífica con la misma exigencia que enseña lenguaje, matemáticas y física. Hay entre nuestros estudiantes, a todos los niveles, una ignorancia alarmante de las pautas que nos rigen como nación y las cualidades éticas y morales que deben adornar a cada ciudadano como individuo capaz de convivir armoniosamente con los demás. La reverencia ante los símbolos patrios tiene que ser rescatada del olvido y el desprecio en que se encuentran.
La Cámara de Diputados y el Ministerio de Educación han acordado un programa de enseñanza de estas asignaturas en las escuelas. Proponemos que sean materias básicas, en la que los estudiantes deban alcanzar altas calificaciones. El país necesita que rescatemos la solemnidad de los principios.


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