Militares que tras carrera incursionaron en política

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Pasada la época de los golpes de Estado y de las insubordinaciones militares antiguos jefes de los cuerpos castrenses han dedicado su vida a la actividad política, entre los que figura el ex director del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (Cefa), Elías Wessin y Wessin, reputado como el “militar de más poder” hasta que estalló la revuelta de abril de 1965.
El presidente provisional, Héctor García Godoy, lo envió al exilio en Panamá en un avión militar norteamericano, y desde allí fue nombrado cónsul en Miami, posición que rechazó y acusó de “comunista” al presidente de turno.
Desde el exilio en el año 1967 fundó el Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano (ahora PQD) y en las elecciones de 1974 corrió como candidato vicepresidencial por el Acuerdo de Santiago. Años atrás, en junio de 1971, fue deportado de nuevo luego que el Presidente Joaquín Balaguer denunciara públicamente el complot contra su gobierno, que encabezaba Wessin.
Sentado a su lado y señalándolo con el dedo índice el gobernante lo tildó de “conspirador impenitente”. Con el paso del tiempo el exmilitar se reconcilió con Balaguer y a fines de noviembre de 1986 lo nombró secretario de Interior y Policía, y dos años después fue reintegrado al Ejército y designado secretario de las Fuerzas Armadas con rango de teniente general, en lugar del general Antonio Imbert Barreras.
El general Neit Nivar Seijas, hombre de confianza en el gobierno de Balaguer, después de jubilado por el presidente Antonio Guzmán, formó el Partido Acción Nacional (PAN), con el propósito de participar en la contienda electoral de 1982.
En plena faena política sufrió un ataque al corazón y murió camino al hospital. Tenía 57 años de edad. Otro alto militar que debutó en la política vernácula después de colgar el uniforme fue el mayor general José Miguel Soto Jiménez, poeta, escritor, historiador, etc.
Fue secretario de las Fuerzas Armadas durante los 4 años de Hipólito Mejía. Originalmente constituyó la Fundación V República y en agosto del 2008 se incorporó al sistema político del país, “con el fin de renovar las actividades proselitistas en un ámbito a tono con el pensamiento democrático”.
Hace un año el presidente Danilo Medina lo nombró embajador en Taiwán.
Es larga la relación de exmilitares que cuando abandonaron la carrera ingresaron a la actividad política, como el exjefe de la Policía en los gobiernos de Leonel Fernández y el de Hipólito, Pedro de Js. Candelier Tejada.
En septiembre del 2014, constituyó el Partido Alianza Popular (PAP), con el que participó como candidato presidencial en las elecciones de 2008.
También el exjefe del Ejército y de la Guardia Presidencial Jorge Radhamés Zorrilla Ozuna, presidente del Partido Cívico Renovador (PCR), reconocido por la Junta Central Electoral y que en las pasadas elecciones logró representación municipal; es director del Instituto de Estabilización de Precios (Inespre) desde el 2012.
Otros dos exjefes de Policía activos en política son Bernardo Santana Páez, candidato a senador por la provincia de El Seibo, en la boleta del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y Jaime Marte Martínez, uno de los principales directivos del Movimiento Primero la Gente, que encabeza Antonio Marte.
Juan Bautista Rojas Tabar, otro extitular de las FF.AA., fue candidato a alcalde por la provincia Santo Domingo y en 2016 respaldó las aspiraciones presidenciales de Reinaldo Pared Pérez.
Otro exmilitar que ha estado activo en las lides políticas es Rafael Percival Peña, primero en el Partido Revolucionario Dominicano y ahora en el Revolucionario Moderno, y el exgeneral Luis Darío de la Cruz Consuegra, activo en política con un movimiento que ha solicitado reconocimiento en la JCE.
En el primer ciclo de gobierno de Balaguer otros antiguos jefes militares formaron partidos y agrupaciones políticas, como son los casos del exsecre de los institutos castrenses Rafael Adriano Valdez Hilario y su Partido Nacional de Veteranos Civiles, que alcanzó una diputación y el exjefe de la Marina de Guerra, Luis Homero Lajara Burgos y su Partido Demócrata Popular, que en 1974 legalizó un tercer triunfo de Balaguer en el torneo electoral de ese año.
En definitiva, el pasado reciente y la contemporaneidad política no han sido benévolos con los uniformes.


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