Mujer y libertad

Tahira Vargas

La libertad es uno de los principios fundamentales de la democracia. Nuestra Constitución, en su artículo 40, establece la libertad como derecho inquebrantable para todas las personas. ¿Goza la mujer dominicana de las mismas libertades que los hombres como establece nuestra Constitución?
Muchas son las barreras sociales y culturales que impone nuestra sociedad a la mujer en su acceso pleno a libertades. Algunas de ellas se expresan en elementos como los siguientes:
• Sin libertad de recreación y ocio. Las mujeres desde su niñez son coartadas de su derecho a la recreación y juego. Se les imponen las labores domésticas frente a su desarrollo lúdico y recreativo, lo que no ocurre con el sexo masculino que se socializa sin barreras frente al juego ni demandas de integración a labores del hogar.
Mujeres en barrios y campos dedican los sábados y domingos a labores domésticas y tienen escasos lapsus de tiempo para divertirse. Los hombres inician temprano la diversión los fines de semana. La diversión de las mujeres muchas veces se reduce a la visita a vecinas, familiares y/o actividades religiosas.
• Sin derechos sobre su propio cuerpo. La cultura patriarcal presente en nuestra sociedad limita y restringe a la mujer en sus expresiones corporales. Existen parámetros definidos sobre como debe la mujer sentarse, caminar, bailar y reír, lo que no ocurre con el hombre. Expresarse con libertad desde su cuerpo, en su vestimenta y en sus movimientos le cuesta a la mujer sanciones sociales y estigmas que limitan su accionar. Así puede ser catalogada como “puta” o “cuero”. El derecho a decidir sobre su cuerpo, está limitado socialmente. Si sufre una violación, incesto se le prohíbe la interrupción del embarazo aun cuando esté en peligro su propia vida.
• Sin libertad de acceso al placer y al sexo. Nuestra sociedad establece claras restricciones al sexo femenino para sentir placer. La población masculina tiene derecho al placer en forma libre y espontánea sin control ni regulaciones. Esto no ocurre con la femenina. Se le reprime su acceso al placer y al sexo, así como sus derechos sexuales y reproductivos.
La celebración del 8 de marzo encuentra a la mujer en nuestra sociedad siendo víctima de distintos tipos de violencia de género, las cuales muchas veces son invisibles. El sistema de control patriarcal sustentado en el tejido social subsume a la mujer desde una lógica cultural que normaliza la desigualdad sin conciencia de sus derechos y libertades. Nuevas generaciones de adolescentes y jóvenes de sexo femenino están quebrando estas barreras, a pesar de discriminaciones y exclusiones provenientes de población adulta que se resiste a la equidad de género.