Muros nuevos, vergüenza vieja

La migración haitiana hacia nuestro país está condicionada, léase bien, “condicionada” por su pobreza y subdesarrollo extremos, pero esas condiciones no han sido creadas por el pueblo dominicano, sino originadas, léase bien, “originadas” en las mismas fuentes que crearon nuestros (afortunadamente menores) pobreza y subdesarrollo y no me voy a poner de mojiganga ni a ofender a los lectores intentando darles nociones de política e historia sobre explotadores, imperialismos, oprimidos y opresores, para explicar cuáles fuerzas del exterior condicionaron históricamente la miseria haitiana, de la cual, muchos gobiernos y explotadores criollos (no el pueblo dominicano) se han beneficiado y por lo cual, algunos mal orientados, promueven la idea de que todos los dominicanos “paguemos” o “purguemos nuestras penas” aceptando una migración desordenada, costosa y peligrosa de nuestros vecinos, justificada en un estado de miseria y desamparo históricos, mal disimuladamente ignorados por irresponsables organismos internacionales.

El muro fronterizo no sería el primero en nuestro país, pues en la zona colonial hace muchos años que existen muros, pero al que le llamaron “de la vergüenza” fue el que construyeron al sur del Faro a Colón, para que los turistas y visitantes (incluido el Papa reinante en el 1992) no vieran el dantesco cuadro de miseria ubicado justo al lado de esa obra faraónica terminada por el presidente Balaguer.

Si llegara a construirse el muro de la frontera con Haití, para el lado dominicano tendría que denominarse “muro de la división territorial”, pero, desde el lado haitiano, bien merecería el nombre de “muro de la vergüenza internacional” que, en mi humilde opinión, los dueños del mundo no permitirán que se construya jamás, para no verse desenmascarados.


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