Napoleón Núñez, un soldado de mil batallas al servicio de la revolución

01_09_2018 01-09-2018 AREITO Areíto3

“Francis Caamaño me hizo referencia de ti y de Rafa, que los únicos del PRD que le interesan son ustedes dos. No sé en qué disposición de viajar a Cuba está Rafa. ¿Tú quisieras ir?”.

La pregunta se la formuló Amaury Germán Aristy a Napoleón Núñez Paulino (Polón) en 1969, cumpliendo un encargo del coronel Francisco Alberto Caamaño que se encontraba en aquel país. Con “Rafa se refería a Rafael Gamundi Cordero. El interés del líder de Abril en atraer a estos legendarios dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano era tratar con ellos la posibilidad de preparar y trasladar dominicanos dispuestos a entrenarse para acompañarlo en una futura incursión guerrillera al país.
Polón aceptó la misión. No reparó en que llevaba apenas dos meses de casado con Rosa Almánzar Vargas, que 54 años después sigue siendo su leal compañera. Pasó las pruebas de las difíciles y estratégicas rutas de viaje, memorizó contraseñas, claves, seudónimos, olvidó su nombre real para responder al de “Ney Mora” estampado en el falso pasaporte que los cubanos le expidieron en Checoslovaquia, y después de salir de la Unión Soviética y pasar 18 horas en un avión de carga “con todas las probabilidades de caerse”, y hacer escala en una isla para abastecerse de combustible, llegó al aeropuerto de La Habana donde le esperaba “Jesús”, su edecán.
Permaneció en un chalet batistiano donde no solo recibió instrucción en “lenguaje sintetizado” a través de números, sonidos, letras, sino regaños por inocentes errores de “latino sentimentalista” que no tomó en cuenta su condición de guardia armado y uniformado como cubano.
Al mes de su llegada Jesús le llevó sorpresas. “¡Alístate, que esta tarde tienes que ir a un sitio!”.
“Me llevaron a una casa y veo aquella persona que viene con barba, erguido, fuerte. Me abrazó: ‘¡Yo no me recordaba de ti, ahora sí’, era Caamaño!”, a quien conoció en 1965 cuando reaccionó ante la suspensión del discurso de José Rafael Molina Ureña al pueblo dominicano por presiones del embajador norteamericano: “¡Este Palacio fue construido por Trujillo, no hay ningún riesgo de que nadie penetre aunque haga un disparo dentro, es indestructible!”, proclamó entonces. Polón perteneció a la jefatura de seguridad del Gobierno Constitucionalista junto con Diego Guerra, en la Mercedes, frente al parque Independencia, en la segunda planta de donde estaba el restaurante “Mario”.
La experiencia de seleccionarle y prepararle a Caamaño 10 hombres para el desembarco, de los cuales vinieron cinco, fue una de las últimas acciones de Polón, un activo revolucionario que comenzó a poner de manifiesto su valor y su patriotismo desde que agredió a un dirigente del trujillista Partido Dominicano, vengando el apresamiento de un compañero opositor denunciado por el funcionario.
El orador, locutor, contable, editor, librero, productor de programas radiales, corredor de seguros, vendedor, mercadólogo, agricultor, maestro, vivió históricas y desconocidas experiencias en el trujillato, luego en el periodo de destrujillización, el golpe de Estado contra el Triunvirato, la Revolución de Abril, los 12 Años de Balaguer… Fue a partir de la llegada del PRD al país, en 1961, cuando se intensificó su lucha política. Ya había iniciado amistad con José Francisco Peña Gómez, su fiel y entrañable amigo y compañero de batallas presente en cada uno de sus relatos.
Era colaborador cercano de Juan Bosch al que trató en campaña, como presidente y de forma personal por lo que habla con propiedad de sus destrezas, debilidades, temperamento. También fue muy cercano de Ángel Miolán, José Brea Peña, Manuel Fernández Mármol, Rafael Gamundi Cordero, César Roques, Milagros Ortiz, Thelma Frías y otros incontables robles perredeístas.
Recolectó donaciones y aportes para la causa de esa agrupación y atrajo a las masas convenciéndolas de las ventajas de votar por Bosch, adelantado en aquel tiempo en comparación con Viriato Fiallo, su contrincante, al que este táctico del PRD consideraba desfasado, limitado, escaso de conocimientos políticos.
A pesar de sus exitosos trabajos, de los golpes y heridas recibidos por sus atrevidas acciones en favor de la organización, fue expulsado, falsamente acusado junto a Gamundi de no contar con la aprobación de Bosch para la publicación de una revista.
Se asociaron con el Pacoredo y dieron a la luz dos, y una nueva agrupación. Más tarde, Peña Gómez los reivindicó, demostró que el Comité Ejecutivo los había autorizado y los reincorporó.
Relata entretelones de las diferencias entre Bosch y Buenaventura Sánchez y entre aquel y Ángel Miolán. Narra su amistad con Amaury Germán, Maximiliano Gómez y líderes socialistas internacionales.
Con 81 años de edad, retirado en su hermosa residencia de La Salvia, Bonao, rodeado de árboles frutales y variedades de coloridas flores, conversa con expresión fluida no solo narrando sus vivencias sino además analizando los hechos, demostrando ser un avezado experto curtido en la actividad política en la que ha sido militante, líder, instructor, creativo de campañas, intérprete de contraseñas y secretos que supo descifrar y aplicar por lo que todas sus encomiendas resultaron triunfantes.
En su compromiso con Caamaño llevó a feliz término los acuerdos. “Bienvenido, felicidades” fue la divisa del cubano que le dejó un telegrama en casa de César Roque anunciando su visita. Nadie sospechó después que se trataba de un enviado aquel discreto y aparente contertulio que le entregó un maletín con 12 mil dólares –dos mil para Hatuey Decamps y la FED- en un banco del parque Duarte.
A través de la radio donde escucharía una emisora clandestina que esperaba el acuse de recibo transmitió: “Recibimos contacto exitoso”, refiriéndose al emisario y al dinero.
Solo se le presentó un pequeño fallo y quizá no fue su culpa: Alfredo Pérez Vargas, uno de los hombres que le enviaría a Caamaño, varió la ruta y en vez de España se fue por Curazao de donde no pudo continuar y debió dar marcha atrás: la clave no le funcionó.
– ¿Estás dispuesto a volver? Vamos a mandarte de nuevo, pero por España.
-Yo quiero ir, y si muero, muero muy conforme, había expresado Pérez Vargas cuando fue reclutado. Retornó.
Polón no supo de ellos después de la misión cumplida. Creía que Caamaño vendría cuando mataron a los integrantes de los Comandos de la Resistencia en la Autopista de las Américas, en enero de 1972. “Pensé que no iba a resistir y que regresaría como fuera. Caamaño sentía que había abandonado y traicionado a Los Palmeros. Esa hubiese sido la logística mayor de Caamaño, la guerrilla hubiera tenido otra connotación”.

 

 

 


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