Naturaleza, madre naturaleza, pachamama

En You Tube puede verse un documental con el título de Madre Naturaleza (Mother Nature) que todo el mundo debiera ver. En él, la naturaleza le habla a los humanos. Comienza por presentarse, diciendo: “He estado aquí durante 4,500 millones de años o sea 22,500 más tiempo que tú, no te necesito pero tu futuro depende de mí, cuando progreso, también progresas y cuando me deterioro, te deterioras. He alimentado especies mayores que tú, asimismo las he eliminado; mis océanos, mi suelo, mis ríos, mis bosques todos pueden aceptarte o no. Como elijas vivir cada día es tu problema, no me importa si me tomas en cuenta o no, yo soy La Naturaleza; tus acciones determinarán tu futuro, no el mío; vivo sola y estoy preparada para evolucionar, ¿lo estás tú?”
Asimilar el párrafo precedente es esencial para la relación que debe existir entre el humano y la madre naturaleza, porque tal como señala: “……….tus acciones determinarán tu futuro, no el mío ….”; los incas hace varios siglos habían entendido lo fundamental de la ecología de la naturaleza; de ahí que con respeto y amor la denominaran pachamama, la diosa de la fertilidad de la tierra o sea la madre tierra. Los dominicanos de diferentes clases sociales, al parecer nos hemos llegado a creer que no importa lo que hagamos con la tierra, los océanos, los ríos, los bosques, etc., todo seguirá bien. Que es más importante tener una segunda casa en el pico de una montaña o llevarse de paro un manglar para completar un “resort” de lujo que respetar la pachamama. Tumbar un árbol puede tener un pequeño efecto que no suele verse de inmediato, antes al contrario, puesto que produce riqueza, quizá causa sensación de bienestar. Así, movidos por el objetivo pecuniario se pierde el verdadero valor y las implicaciones futuras.
Si bien el efecto de casos aislados, como la tumba de un árbol, es pequeñísimo, la repetición millonaria de esa ac ción en el planeta se suma a otros también muy pequeños pero numerosos y así se acumulan hasta hacerse significativos y notorios; varían el clima, el solum, la calidad de las aguas fluviales, los mares y océanos. Por tanto, es importante que las autoridades presten atención a las pequeñas infracciones porque si no, serán seguidas por grandes.
Justo sería que solo el país que causa el mal sufra las consecuencias de sus acciones como sucede cuando se destruye la capa vegetal, sin embargo, no siempre es así, porque los vientos arrastran el CO2, por ejemplo, distribuyéndolo en todo el planeta o los mares y océanos con sus corrientes mueven plásticos, basura, así como residuos líquidos tóxicos sin límites de frontera, por tanto, la contaminación de uno afecta a los otros sin contemplación. Siendo así, para obtener resultados que valgan, es necesario que todos los países, especialmente los más contaminantes se propongan reducirlas.
Afortunadamente, en París se logró, recientemente, un acuerdo importante que firmaron los abanderados de la contaminación, como Estados Unidos de América, China, los países de la Unión Europea y otros de menor efecto.
Mantener un balance ecológico es asunto esencial pero al mismo tiempo difícil de lograr una vez roto, por eso es necesario educar a los ciudadanos desde sus primeros años de vida, a fin de que moderen sus acciones y estén conscientes de lo precario que resulta.
En la RD hay muchas situaciones que hoy por hoy son irreversibles, descontaminar el valle de Constanza es una de ellas como también reponer la capa vegetal en sus laderas y las que bordean la carretera hacia Valle Nuevo.
La descontaminación del acuífero de Santo Domingo requeriría más años y dinero del que dispone el Gobierno dominicano, los casos de los ríos Isabela y Ozama caben en el mismo paquete, solamente librar al Isabela de las lilas que lo tapizan es una misión prácticamente imposible. Rehabilitar nuestros ríos y lograr que algunos de ellos vuelvan a llevar peces en sus aguas es una labor titánica que tiene muchos intereses poderosos en contra.

El desarrollo de Las Terrenas ha originado que un arroyo al este de ella, baje con sedimentos, estos han arropado los corales que bordean la costa entre el arroyo y el poblado, en consecuencia han muerto, así como la vida marina que suelen sustentar. Las playas dominicanas han sufrido el avance del turismo interno y receptivo, varias se han erosionado.

Los dominicanos vivimos de espaldas a la ecología. No se trata de un gobierno, ni otro, es un problema que afectará a nuestros hijos y nietos, es decir, de sobrevivencia. Un inventario ecológico podría poner el problema en la perspectiva justa.