Navidad: firmeza en el corazón

Manuel Maza

Desde los tejados

En Navidad nos sazonan con una fantasía barata y dulzona para escapar cobardemente de los problemas de la vida. Hoy la Iglesia nos invita a encontrar en el cercano nacimiento de Jesús los motivos verdaderos para estar firmes en la lucha por una vida diferente.

La primera lectura, Isaías 35, 1-6a. 10, ilustra el cambio que trajo Jesús: el desierto se alegrará y florecerá. La Navidad, “fortalece la manos débiles, robustece las rodillas vacilantes”. La Navidad tiene una palabra para los cobardes: “sean fuerte y no teman. Miren a nuestro Dios, que trae el desquite, viene en persona para resarcir y salvar”.

La llegada del Mesías esperado reivindicó a todos los que no habían pactado con el mal. Al celebrar la Navidad de Jesús, asumimos con más firmeza esta vida que nos toca vivir, sabiendo que con el Mesías nacido han surgido nuevas posibilidades.

Hay mucha gente desilusionada entre nosotros, porque cifraron el éxito de su lucha en conseguir ventajas, o en las buenas cualidades de tal líder o grupo. Al igual que los discípulos de Juan en el evangelio de hoy, cada vez que surge un nuevo esfuerzo por mejorar la sociedad, la gente le pregunta, “¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” (Mateo 11, 2-11).

Jesús nos invita a salirnos de nuestros estrechos criterios para evaluar propuestas esperanzadoras y pasarnos a los suyos. Nuestros esfuerzos por mejorar la sociedad y la vida, irán bien encaminados, si los ciegos ven, y los inválidos andan; si los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; si los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia una buena noticia.

Adviento, viene la Navidad. ¡Afinquémonos en esa novedad dichosa que trajo el Mesías, especialmente para todos los pecadores y descalificados de esta tierra!


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