Negociación del Nafta: objetivos y “líneas rojas”

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

Con un muy breve e inusual intervalo entre rondas de negociación ha comenzado la segunda fase de negociaciones entre Estados Unidos, Canadá y México para ver qué se logra con el TLC que une a las tres economías: modernizarlo, retocarlo o, simplemente, decretar su defunción. Igualmente de manera atípica en medio de un proceso negociador el Presidente de Estados Unidos ha estado pronosticando su retirada del mismo, lo que provocó a la parte mexicana a advertir que si esa es la intención se retiraría de la “mesa”.
Efectivamente, Washington tiene expectativas de cambios muy profundos, para beneficio nacional, que con toda seguridad cuando en la primera ronda cada parte expuso sus posiciones los negociadores estadounidenses deben haber comprobado la difícil obtención de los mismos. En consecuencia, se retiran o ajustan sus pretensiones a un esquema en el que todos, en mayor o menor medida, identifiquen beneficios propios. El ministro de Economía de México ha advertido que para que un acuerdo ser viable tiene que beneficiar a todos o, de lo contrario, no es un convenio. Un objetivo claro de EE.UU. es reducir el déficit con México y superar dificultades de acceso al mercado de Canadá. Para ello Estados Unidos busca aumentar la proporción de componentes automotrices en las plantas que operan en México – sector clave en el déficit –, actualmente se exige que los autos tengan un 62.5% de elementos de las tres naciones y no solo de EE.UU., así como aplicar “medidas contundentes” para prevenir la manipulación de divisas. Trump quiere la eliminación del conocido como “Capítulo 19”, mecanismo de solución de diferencias partiendo de paneles binacionales creados para cualquier “práctica comercial inadecuada” y en los cuales Washington ha salido generalmente mal. EE.UU. quiere que se resuelvan en los sistemas judiciales nacionales. Para México es una línea roja no cruzable y Canadá tampoco está de acuerdo con que se elimine. Otro tema crítico es el de los aranceles; el acuerdo permite que cada uno de los tres aplique sus propias tarifas a otras naciones pero no entre ellos y EE.UU. pretende que se permita aplicarlos también entre ellos. Para México es intocable, no aceptaría imponer aranceles donde ahora están en “cero”. México tampoco acepta un mecanismo de control de la tasa de cambio, lo que para algunos expertos es someter el control de la moneda a la Reserva Federal estadounidense. Otro punto es el pago de impuestos de las compras por Internet, exoneradas en EE.UU. hasta 300 dólares pero en México solo hasta 50 y Trump quiere llevarlas hasta 800. El tema laboral para EE.UU. es importante, pero México no quiere tocarlo porque se pretendería elevar los salarios mexicanos, el gran atractivo de su economía.
Ante la rudeza estadounidense México parece decidido a jugar fuerte. El ministro de Economía, Ildefonso Guajardo, comentó que “si no te tratan bien comercialmente, no deberían esperar que los tratemos bien conteniendo la migración que viene de otras regiones del mundo y cruzan por México”.