Nido vacío, cuando los hijos se marchan de casa

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Doctora Myriam González
Psicóloga clínica, terapeuta familiar y de pareja, salud mental, Unidad de Psicología. Gerencia Medicina Familiar Hospital General Plaza de la Salud.
El nido vacío es definido como el período de la vida en que los hijos han terminado de crecer y abandonan el hogar, dicho término fue popularizado por sociólogos en los años setenta.
Anteriormente se sugería que durante esta etapa del nido vacío la más afectada era la madre y que además en dicha etapa se era más susceptible a padecer desórdenes emocionales y de salud.
En la actualidad, estos supuestos han cambiado y recientes estudios han determinado que los padres que se encuentran viviendo el nido vacío podrían reducir los conflictos familiares, de pareja, así como los de índole laboral.
Asimismo, se ha comprobado que aporta otros beneficios relacionados a la calidad de vida, como redescubrir su relación de pareja, y retomar intereses personales abandonados en el pasado por la crianza de los hijos.
Es necesario para los padres vivir esta etapa de nido vacío, pues es parte del ciclo evolutivo que debe atravesar la familia, es sano que los hijos en algún momento partan porque tienen que independizarse y formar su propia familia o seguir el camino que elija en su vida. En el sistema familiar, los padres y los hijos vivirán diferentes etapas, cambios, así como crisis, pues a medida que los hijos crecen y se desarrollan, las necesidades y demandas que estos presenten pues ya serán diferentes también.
Cuando los hijos adultos deciden abandonar el hogar materno, va afectar a los padres de forma particular, es decir, de forma positiva o negativa, y va a depender de varios factores, primero de como haya sido esta relación con este hijo, el vínculo afectivo desarrollado entre ambos, si la relación es cercana o es distante, si han tenido conflictos importantes que haya desgastado o maltratado la relación.
Además de las creencias, costumbre y patrones que rigen el comportamiento de ese sistema familiar.
Actualmente contamos con una sociedad multicultural y además de una vasta diversidad de tipo de familiar, como las monoparentales y las extendidas, cada cual vivirá esta etapa del nido vacío de forma muy diferente.
Por ejemplo es de esperarse que una madre soltera muy apegada a un hijo único, esté más afectada emocionalmente cuando este decida formar su propia familia y ya no vivan juntos, por lo que la madre tendrá que ajustarse a una nueva vida donde su hijo tendrá mucho menos participación.
Las causas por la cual los hijos abandonan el hogar son diversas, puede ser porque ya son profesionales, obtienen un empleo e independencia económica, porque se han unido en pareja, contraen matrimonio, o simplemente desean independizarse aun siendo solteros, para tener más libertad de decisión sobre sus vidas, este último fenómeno va en constante aumento en nuestra sociedad actual, pues cada vez más temprano los hijos desean abandonar el hogar de los padres.
Es importante resaltar que aunque físicamente los hijos ya no estén con los padres bajo el mismo techo, es una generalidad, que los padres continúan manteniendo una relación de cercanía con estos hijos, que puede ser afectiva, moral y económica, sobre todo en nuestra cultura hispana, donde la unidad y los valores familiares son continuamente fomentados.

Sentimientos de tristeza y de pérdida

Los padres que están atravesando por este síndrome, presentan sentimientos de tristeza y de pérdida, sensación de sentirse vacío, de no saber qué hacer, de no ser útil, puede presentar recuerdos recurrentes de los hijos cuando eran pequeños, llanto frecuente, quejas físicas, dolores repentinos, insomnio, entre otros.
El síndrome del nido vacío no es un trastorno psicológico sino más bien un fenómeno que acontece cuando el hijo o los hijos abandonan el hogar; se ha sugerido que los padres se pueden tomar alrededor de 18 meses a dos años atravesando esta transición de ser madre/padre a persona independiente.
Las personas que sufren del síndrome del nido vacío, pueden ser susceptibles de padecer ansiedad o estrés ante los cambios, además podrían estar atravesando dificultades en su relación conyugal.
Aunque en el pasado se ha sugerido que las madres a tiempo completo, es decir las que no tienen actividad profesional o laboral podrían estar más afectadas por este síndrome, estudios recientes han revelado que los padres también se pueden ver más afectados debido a que no se han preparado mentalmente al hecho de que los hijos emprenderán una vida nueva fuera del hogar.
La muerte del conyugue, mudanzas, jubilación, así como otras circunstancias similares pueden predisponer a la persona a vivir la experiencia de este síndrome del nido vacío.
También podemos decir que en los últimos años, las dinámicas familiares han sufrido cambios importantes, y esta etapa del nido vacío se ha visto interrumpida o afectada por el regreso al hogar de hijos adultos por la falta de empleo, divorcio, enfermedad, así como otros factores.

Prevenir, afrontar y mejorar nuestro estilo de vida

El nido vacío puede promover la libertad y mejorar las relaciones, según la Asociación Americana de Psicología, es una nueva oportunidad para los padres.
Como familia con hijos, la mejor manera de prevenir que afecte de forma negativa vivir esta etapa del nido vacío es aceptar que es lo natural que ocurra, prepararse gradualmente a una futura separación física de los hijos, ir aceptando y adaptarnos al cambio.
Revisar la relación con los hijos, no crear una total dependencia o que estos dependan totalmente de los padres.
Qué hacer. Definir los roles de cada miembro del sistema familiar, padres e hijos; es muy común ver como muchas veces es descuidada la relación de pareja para ser más madre o padre que esposo o esposa, centrando toda la energía, tiempo, expectativas en los hijos, olvidando el autocuidado, la propia superación personal y/o profesional, descuidando las relaciones personales, la vida social.
Es de vital importancia tratar de no quedarnos en el pasado, no pensar que los hijos nos han abandonado, evitar los reproches y exigencias a estos, tratar de enfocarnos en transformar esa relación de forma positiva, con más independencia de los hijos, pues ya el contacto será menos frecuente pero puede ser más significativo, y dependerá de si se establece una comunicación armoniosa entre las partes.

Vivir con la certeza de la labor cumplida como padre, estar alegres pues los hijos ya tiene su propia vida, que su rol como padre ha cambiado, que siempre los hijos necesitaran la ayuda de los padres pero de forma diferente, pues siempre surgirán nuevos retos y oportunidades como la de ser abuelo, ser padre o madre del cónyuge de esa hija o hijo.