No se preocupen tanto por mí y mi triste pensión

Cuando todo comenzó, el 5 de mayo del 2003, tenía 30 años. En ese momento, como es evidente, jamás había pensado en retirarme. A pesar de ello, con el inicio del Régimen Contributivo para el Seguro de Vejez, Discapacidad y Sobrevivencia, sentí el peso de ese plazo fatal que me estaban imponiendo: estaba sentenciada a trabajar durante 30 años, a partir de ese momento (y tenía 9 años en Hoy), para cobrar mi pensión a los 60 años.
A estas alturas, con la mitad del camino recorrido (182 de las 360 cuotas obligatorias), cuento con RD$925,577.10, una suma tan ridícula que habla de lo poco que tendré dentro de 15 años, cuando por fin el sistema entienda que estoy lista para dejar el mundo laboral.
Por más que la AFP logre rentabilizar mi dinero, a la hora de retirarme no tendré muchos recursos. Sin embargo, eso no me preocupa demasiado porque, la verdad, no estoy contando con nuestro sistema de pensiones para retirarme: entre la desconfianza que me genera y lo poco que cobraré, sé que tengo que buscar otra fórmula para mantenerme en la vejez.
Hoy los que están preocupados por ese tema nos dicen que la solución para que nuestra pensión no sea tan precaria es que trabajemos cinco años más y elevemos el monto de la cotización. Sin embargo, ¿por qué obligarme a cotizar más y por más tiempo si de cualquier manera la pensión, si es que llego a cobrarla, no será nada del otro mundo?
La verdad es que no entiendo por qué se preocupan tanto -y así- por mí. ¿Será acaso porque los que lo hacen, ya mayores, no tendrán que chuparse cinco años más en el sistema? Asumo que sí.