Hoy Digital

No violencia contra la mujer

El asesinato de las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, cometido el 25 de noviembre de 1960, fue la acción grosera que inspiró la consagración de esta fecha como Día de la no violencia contra la mujer. Fue una expresión brutal y sangrienta de atropello contra la mujer, pero no es única en su especie. La agresión física, las vías de hecho que culminan en luto, dolor y orfandad, son solo una manera de violencia. La discriminación laboral, el acoso sexual, la negación del acceso a todas las oportunidades que están al alcance del hombre y otras actitudes son también crueldad.
Por eso, aunque aplaudimos la iniciativa lanzada por la Procuraduría General de la República contra la violencia de género, observamos que esta se queda corta en el enfoque de lo que es el maltrato contra este ser. También son dolorosas, crueles y mortales aquellas formas de trato que provocan angustia, depresión y que acosan hacia el aislamiento a la mujer. Aquellas que la confinan manos fuera de la toma de decisiones, del acceso a cargos electivos y funciones por designación. La violencia no tiene una sola cara. Es un fatídico poliedro de carácter social.
Tenemos que estar claros en eso y en las metas que deben perseguir estas campañas. Hay que combatir todo género de violencia contra la mujer, no solo la visible y sangrienta.

Accidentes de motos salen caros

El costo que tienen para el país los accidentes de tránsito, pero sobre todo los ocasionados por motocicletas, se inscribe como un problema socio económico que hay que enfrentar con determinación. Osiris Mota, vicepresidente ejecutivo de Seguros Banreservas, alerta al Estado de que los accidentes de motocicletas generan pérdidas anuales por RD$50 mil millones por concepto de muertes, lesiones permanentes, mutilaciones y daños a propiedades. Esto es posible gracias a que las motos son los vehículos más abundantes, accesibles y menos regulados en este país.
En un país en que el 70 por ciento de los accidentes mortales de tránsito son causados o involucran a motocicletas, encarar el problema es un deber de Estado a cuya solución no se le puede dar más largas. La regulación y control de las motos es asunto de vida.