Nuestro modelo turístico ideal

La República Dominicana es el principal destino turístico del Caribe. Ha logrado esa posición gracias a varios factores determinantes, entre los que hay que destacar la ubicación geográfica privilegiada y los atractivos naturales. Y ha desarrollado un modelo que ha resultado exitoso. Sin embargo, no se puede pretender que ese modelo sea estático y que no sea objeto de cambios que mejoren la capacidad de atracción para visitantes más diversos e interesados en otras cosas que no son solamente sol y playa.
La cuestión medular estriba en que un cambio que vaya a afectar al modelo actual tiene que responder a concienzudos estudios de factibilidad que permitan tener la seguridad de que esas innovaciones no perjudicarán el atractivo vigente. Asonahores ha expresado una preocupación bastante razonable por una resolución oficial que modificará la baja densidad y baja altura por alta densidad y altura en Playa Macao, Punta Cana. La preocupación está más que justificada.
Lo prudente sería que las autoridades de Turismo y las asociaciones especializadas en turismo analicen en conjunto las características del cambio de modelo y las consecuencias, beneficiosas o perjudiciales, que podrían devenir de la modificación. Tenemos un modelo exitoso y modificarlo en términos relevantes debe ser una decisión fruto de profundas ponderaciones.

Rebuscando entre utopías

El nombre de Cándido Ortiz, dominicano que estuvo preso 26 años en Estados Unidos, condenado por narcotráfico, resuena ahora como un caso sobresaliente de regeneración de conducta. Tras ser indultado por el entonces presidente Barak Obama y recibir crédito financiero del Gobierno, empezó a trabajar y ahora es dueño de un flamante restaurant. La rectificación de conducta y la reinserción social son el resultado de un modelo carcelario que de vez en cuando logra grandes objetivos.
Nuestra utopía es que copiemos el ejemplo y empecemos a renovar al hombre que cae en riña con la ley. Para eso hay que sacarlo del hacinamiento y tratarlo como ser digno, no como cerdo en chiquero inmundo. La cárcel debe ser para enderezar conductas, no para impartir maestrías refinadas del arte de delinquir. ¿Lo intentamos?


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