Nuevas oportunidades en las relaciones diplomáticas de China y República Dominicana

Eddy Skinner.

Con el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República Dominicana y la República Popular China, anunciada el 30 de Mayo 2018 por el Gobierno dominicano, se abre una nueva etapa en las relaciones bilaterales de nuestro país, lo que representa un conjunto de oportunidades y factores críticos que consideramos pertinentes valorar.

En lo que concierne a la República Dominicana, desde el año 1996 se venían haciendo intentos para establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, lo que fue, en aquella ocasión, frustrado por la exigencia de China de que antes de establecerse dichas relaciones, debíamos efectuar previamente el rompimiento de las relaciones diplomáticas con Taiwán.

Esa posibilidad se esfumó, y aunque se volvieron a hacer intentos memorables se descontinuó la pretensión dominicana por la entrada en vigencia de la llamada “diplomacia inteligente”, que permitía, tanto a China como a Taiwán, abrir relaciones comerciales entre los distintos países respetando lo que cada uno había logrado en su relación con el mundo. Es por esto, que la República Dominicana, hasta ahora, se limitaba exclusivamente a mantener relaciones de tipo comercial.

No obstante, nuestro país, de forma estratégica decidió establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China y romper lazos de toda índole con Taiwán, debido a que el crecimiento del comercio bilateral con China ha crecido año tras año, lo que la convierte en el segundo proveedor de las importaciones hacia República Dominicana, y es que, el potencial del crecimiento de los lazos comerciales entre China y nuestro país es inmenso.

Por otro lado, si analizamos los efectos de la inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe de acuerdo al informe anual del año 2017 de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), es necesario tomar en cuenta que ante una globalización en tensión y la manufactura dominada por empresas transnacionales, es de vital importancia fortalecer la evolución de las plataformas exportadoras en Centro América y República Dominicana ante las presiones a las que está sometido el comercio internacional.

La  inversión extranjera directa (IED) es un factor clave para el desarrollo de las actividades exportadoras de la República Dominicana y los demás países de la región, tanto para el crecimiento económico, la creación de nuevos sectores productivos, así como para eliminar las brechas de la productividad y los nuevos escenarios tecnológicos que plantea la cuarta revolución industrial y el desarrollo sostenible. Permite explorar con nuevos mercados, facilitando el intercambio comercial y el financiamiento.

Aunque los Estados Unidos y la Unión Europea son los principales países receptores de inversión extranjera directa (IED), el Reino Unido, China y Hong Kong (región administrativa especial de China) tienen un fuerte peso en las fusiones y adquisiciones de flujos de inversión.

La inversión extranjera directa (IED) en nuestra región calló en un 7.9%  en el año 2016, y su tendencia a la baja proyectó una nueva caída en el año 2017, llegando a colocarse en 5%. Esto evidencia de que es necesario generar políticas para atraer flujos que apoyen los procesos nacionales de desarrollo sostenible.Sin embargo, a pesar de esta tendencia, la República Dominicana recibió el 49% de las entradas de IED de Centro América.

La creciente importancia del papel de China consolida la tríada de la globalización. En 2016 las inversiones de China en el exterior alcanzaron un máximo histórico en su incremento, llegando a colocarse en unos 183,100 millones de dólares.

Si bien continúan creciendo las inversiones de las empresas Chinas transnacionales en el exterior, los EEUU continúan siendo el mayor inversor, en 2016 la participación China había subido a un 12.6%, ubicándose como segundo inversor del mundo por detrás de EEUU (20.6%).

Sin embargo, la posición Chinase consolida así en la economía mundial como un gran mercado para las materias primas y bienes manufacturados de los países desarrollados y en desarrollo, pero también como un actor mundial que, por medio de sus empresas transnacionales, se inserta con éxito en las dinámicas de sectores cada vez más sofisticados, y participa activamente en las nuevas tendencias tecnológicas de la cuarta revolución industrial. Todo esto tiene que ver con que el mercado de China sigue siendo muy atractivo para todas las economías del mundo.

En lo que respecta a la República Dominicana, el comercio bilateral con China es el producto de su surgimiento como gigante económico global y de su sólida presencia en la recuperación Latinoamérica en la reciente crisis económica global.

Con el establecimiento de las relaciones diplomáticas de la República Dominicana con la República Popular China es pertinente observar que en el Caribe se mantiene el liderazgo de la República Dominicana respecto a la captación de inversión extranjera directa (IED). En 2016 nuestro país aumentó en casi 2,407 millones de dólares en IED lo que nos convierte en el mayor receptor de américa latina y el caribe.

Las oportunidades que representa el establecimiento de las relaciones diplomáticas con China en comercio bilateral, inversión y financiamiento para el desarrollo, implica el reto de insertar en el mercado de China los productos básicos o agrícolas dominicanos para los consumidores promedios de ese país, y lo que sí representa una gran ventaja para nosotros es lo relacionado a la distribución de tabacos, a pesar de las grandes restricciones y prohibiciones que tiene la economía china para este tipo de producto; además, muchos beneficios representa para la República Dominicana la exportación de textiles de zonas francas hacia China.

Además, aún nos queda pendiente la tarea de consolidar la presencia de visitas de turistas Chinos a República Dominicana, la cual es muy baja con relación a los demás países de la región.

Al final, esto deberá traducirse en la búsqueda de proyectos de inversión en las áreas de infraestructuras, tecnología e innovación, turismo, energía y educación, para el crecimiento de la productividad y el desarrollo sostenible de la República Dominicana.

Es así como podemos crear una ciudadanía decentemente acomodada, con altos ingresos para nuestra economía y una eficiente distribución de riquezas.