Nuevos presidencialismos

Eusebio Rivera Almodóvar

A pesar de la tradicional fortaleza de la democracia norteamericana, donde las cámaras legislativas (senadores y representantes) los poderes judicial y ejecutivo están realmente separados y equilibrados, la figura del presidente define un estilo que se apega a la filosofía de los partidos predominantes, básicamente dos, el democrático y el republicano. Sin embargo, el actual presidente ha exhibido un comportamiento atípico distanciado de los intereses partidarios, con una conducta semejante a la de los presidentes tercermundistas, con dimes, diretes, chismes e improvisaciones de países subdesarrollados, con lo cual la prensa ha gozado bastante, especialmente sus “tweets”, que marcan un nuevo estilo “presidencialista” en los Estados Unidos.
En nuestro país la democracia es una entelequia donde los poderes Legislativo y Judicial se supeditan al Ejecutivo, en especial al presidente de la República que, a través del Ministerio de Finanzas o Hacienda y la Tesorería Nacional maneja el dinero del Estado (presupuesto) generalmente formulado por ministros (era más sincero decirles “secretarios” -muchachos de “mandao”-) que ponen las cifras que ordena el presidente y que luego son aprobadas por la banda (perdón, la banca) de “sus” legisladores.
Por lo anterior es que proponemos (no es la primera vez) que los abanderados de la lucha contra la corrupción enfilen sus cañones directa y efectivamente contra “los presidentes”, anteriores y el actual, manteniendo investigaciones, acusaciones y persecuciones “presidencialistas” para que, por retroalimentación, el pueblo aprenda que, si hay un principal corrupto, debe haber una principal sanción y eso sirva de ejemplo para fortalecer o recomponer los demás poderes del Estado. Realizarlo tomaría algunos años y mucha participación de la sociedad; por eso, mientras más temprano se comience, mas rápido se termina.


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