OBOR-“un cinturón, una ruta”

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

Aunque es un tema ya viral no se trata de un virus nuevo no obstante haya quienes se sienten desde ya enfermos. Siempre encontramos quienes sufren pánico a los cambios sobre todo si se trata de rompimientos con sus esquemas mentales e ideológicos. En lo socio político y económico las transformaciones son indetenibles aunque se manifiesten a través de avances y retrocesos. El mundo ha cambiado; ya no es el mismo y seguirá cambiando con la irrupción de la actuación de nuevos actores que no pueden ser ignorados. No importa si esos nuevos protagonistas gustan o no; hay que adaptarse a su presencia.
OBOR, un término igualmente nuevo en la literatura global de hoy día se refiere a la unión de los términos en inglés “OneBelt, OneRoad”, lo que en español significaría “un cinturón, una ruta”. Efectivamente, lo adivinó. Se trata de la referencia a la estrategia china de interconexión mundial. Ya lo hemos explicado anteriormente, es la introducción de redes mundiales de vías ferroviarias y marítimas, puertos y una amplia gama mundial de infraestructuras que todas ellas apuntan a China y, también, despegan desde ese gigante asiático hacia todas partes del mundo. Es el proceso de creación de un camino en dos direcciones ya operativo. Desde que se inició la reforma de China en 1978, hace solo 40 años, ese país se ha transformado radicalmente y ha transformado igualmente de manera radical al resto del mundo. De ello no escapa nuestra región. Las relaciones América Latina y el Caribe con China han estado alcanzando niveles extraordinarios al extremo que algunas de las naciones de la región tienen ya a esa economía como su principal socio económico comercial en tanto para varias otras es la segunda en camino hacia arriba. En 1978, al comenzar la apertura, el comercio chino–latinoamericano era de apenas 736 millones de dólares y al cierre de 2017 se había remontado a 260 mil millones habiéndose multiplicado en esas 4 décadas por un poco más de 353 veces. Tanto por la importancia que China le ha dado a la región como por el “empujón” que EE.UU. le da al continente hacia China, esa tendencia se va a reforzar. Los “disparos” comerciales chino-estadounidenses habrán de tener un efecto positivo para la región, más allá de las consecuencias globales que provocará. China podría reforzar sus compras en la región para eludir los aranceles norteamericanos, especialmente en el terreno de la agricultura, sector muy sensible en la economía y política de Estados Unidos.
Sorprendentemente Estados Unidos se está proyectando como defensor de la “temida” dependencia de la región de la economía China, un continente que sabe de las terribles consecuencias de las “dependencias”. José Martí, adelantándose a su tiempo, advertía que las dependencias comerciales generaban sumisión política. No obstante, recordemos que el XXI no es el siglo XX. Ahora hay diversos actores por lo que hay opciones de diversificación para neutralizar cualquier posible dominación. A no ser que algunos se retiren del escenario…


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