Obras de Oscar Abreu

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MARIANNE DE TOLENTINO
Hace mucho tiempo que el Museo del Hombre Dominicano no presentaba una exposición con un contenido realmente interesante, como la muestra de Oscar Abreu, “Huellas: la Invención de lo Visible”.  El imponente vestíbulo, de doble altura y descomunal superficie, requiere numerosas obras, instaladas ingeniosamente, ya que no ofrece muros ni módulos, permitiendo una museografía tradicional.

Por otra parte, la propuesta artística debería tener una vertiente antropológica acorde con la institución, que justifique una extensión de sus objetivos y definición. Aunque no directamente vinculado a la índole institucional, este conjunto de pinturas y esculturas se centra temáticamente en el hombre como esencia, y neo-expresionista, figurativo o abstracto, su estilo contemporáneo no desentona con representaciones pictográficas y las manifestaciones primordiales del arte.

Oscar Abreu, que concibió y realizó personalmente la museografía, construyó caballetes rústicos negros para la colocación de las pinturas y dispuso a las esculturas sobre pedestales en bloques de cemento pintado. Los grandes formatos de las telas –que varían en sus dimensiones-  se adecúan particularmente al montaje y al lugar, pero las piezas de metal, más pequeñas y similares en sus tamaños, tampoco se resienten de esta ubicación.

TEMPERAMENTO Y OBRAS DE OSCAR ABREU

Oscar Abreu afirma respecto a su trabajo: “No veo el arte como un oficio, soy completamente egoísta. El único objetivo que busco es mi satisfacción personal, sin el prejuicio de satisfacer a un determinado público”.  Ahí encontramos la huella psicológica de la juventud, que se lanza hacia adelante sin mirar a los lados e ignora la complacencia. Testimonio de la edad y de un ímpetu que se irá moderando, es también, en la exposición, una banderola colgante con el retrato fotográfico del artista…

Ese mismo temperamento le hace volcar, a cualquier hora, el motivo de inspiración a la tela, aunque lo disciplina y le da precisión. Oscar Abreu prefiere la obra directa, de la concepción intelectual a la realización tangible, pero, rechazando el proceso sistemático, él puede recurrir al boceto y a estudios intermedios antes de abordar el lienzo, principalmente si son obras de gran tamaño. Esta fusión entre organicidad y construcción –una característica del arte dominicano, abstracto o figurativo– se observa en los cuadros expuestos. Simetría o asimetría, superficie intervenida en su totalidad, o espacio y fondo vueltos componentes esenciales, el equilibrio estructural se impone como una definición plástica.

Nos percatamos de que el autor casi nunca rompe los límites del lienzo, y por expresionista que sea el resultado, los signos parecen alojados cómodamente en el territorio pictórico. Si la mitad superior o inferior del cuadro se convierte en campo de color o de estrías, será entonces soporte para las figuras que comparten el espacio. La línea divisoria instrumenta el apoyo a los demás elementos, y, pese a su energía, brochazo o la pincelada “respeta” las orillas de la tela. La pintura de Oscar Abreu dista de ser airada y agresiva.

Esta actitud formal concuerda con inquietudes humanistas y la creación de personajes “sobrevivientes y testigos” –así los califica el propio artista- comprometidos con su historia y comprometiendo la reflexión del espectador. Si no representa ni imita, Oscar Abreu sugiere e “inventa lo visible”, acorde con la propuesta del filósofo francés Henri Meschonnic acerca de la escritura y de la pintura: “Inventa otra cosa que el sentido. Y que tenga sentido.”

ABSTRACCIÓN Y FIGURACIÓN

En todas las pinturas, combinaciones de barras, círculos, curvas, cuadriláteros irregulares y otros geometrismos, reconocidos como abstractos, apelan a la sensibilidad, al estremecimiento, a la duda, más allá de formas, colores y materias. A la coherencia estilística se suma la coherencia introspectiva.

Ha desaparecido la escisión entre lo figurativo y lo abstracto, y los artistas de hoy pasan, en una misma obra, de una a otra expresión, pero aquellos,  dotados de una formación académica… deconstruyen mejor lo observable hacia el abstraccionismo. Oscar Abreu, estudiante trashumante y tenaz, pone de manifiesto esa capacidad de fusión, desde juegos de acuerdos y ritmos, no identificables objetivamente, hasta “rumores” de figuras humanas, definitivamente expresionistas por distorsión formal, libertad cromática, gestos y muescas dramáticos. Extraños rostros y personajes simplistas parecen inventados desde la experiencia interior. La influencia de Guayasamín que han señalado será más bien coincidencial.

No dejan indiferentes a quienes los miran, y el espectador participa: ¡las obras no tienen títulos! Una complicidad se renueva, poco importan las dimensiones, de muy vastas telas hasta casi miniaturas –en términos de tamaño-. No obstante, la monumentalidad del signo perdura, inmersa en una atmósfera movediza. Oscar Abreu desconoce los fondos muertos,  y el labrado de los pigmentos, más que planos posteriores y postergados, gesta planos simultáneos y paralelos.

La paleta es caribeña, libremente aplicada, rica en capas superpuestas, evocación del calor, del mestizaje, de la tierra. ¿Oscar Abreu no admirará tanto a Paul Giudicelli como a los expresionistas abstractos norteamericanos? El negro, gestual en marañas o  recovecos, liso y profundo, escarificado de líneas penetrantes, tiene una importancia permanente y se valora, como tal vez el color principal. Rojo y anaranjado triunfan en incendio cromático. Tintes y texturas poderosas no se disocian del diseño en este lenguaje pictórico, tan barroco como homogéneo. De ninguna manera cabría calificarlo como informalista.

NO OLVIDAR LAS ESCULTURAS

A pesar de que las esculturas son parte menor del conjunto –el tamaño acentuando esa impresión- debemos prestarles atención. Como escultor en metal, con inclinaciones minimalistas, Oscar Abreu dota la figura de alas abstraccionistas, convertido en coreógrafo del hierro, conjugando lo físico y lo espiritual. Seguiremos el vuelo de sus criaturas, nacidas de placas encorvadas  e hincadas.

Después de Santo Domingo, Oscar Abreu expondrá en Santiago a principios de 2005 y tiene más proyectos en República Dominicana. El privilegio de disponer de los espacios del Museo del Hombre Dominicano, casa de vestigios y huellas, de testimonios visibles y espíritus invisibles, le ha estimulado.