Odebrecht aviva una necesidad

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Es sorprendente la manera en que la turbiedad de las relaciones comerciales entre una razón social extranjera y el Estado dominicano apuntala la necesidad de que se apruebe de una vez por todas una ley de partidos políticos. Una declaración reciente atribuida a Mónica Moura, en las que niega que Odebrecht financiara la campaña electoral del Presidente Danilo Medina, atenúa las dudas en cuanto a ese aspecto en particular, pero inevitablemente obliga a pensar en que la falta de regulación en cuanto a la forma en que los partidos políticos obtienen y manejan recursos para financiar sus actividades es un factor de serio riesgo institucional para cualquier Estado.
Aparte de ese aspecto particular, las inmoralidades implícitas en el amañamiento de licitaciones, la aprobación “a ciegas” de contratos y préstamos en el Congreso y el pago de coimas para favorecer con obras del Estado a la firma extranjera, pone en entredicho la forma en que muchos servidores de los partidos políticos manejan los recursos del poder en favor de causas perjudiciales para el Estado. Sin vacilaciones de ninguna clase, el caso Odebrecht y sus derivaciones de orden penal deben mover a un proceso de moralización pública que contemple la aprobación sin dilaciones de una ley de partidos políticos y la adecuación de la ley electoral, para cerrarle así el paso a prácticas como las que se relacionan con este caso.

Oasis para la calidad docente

Cualquier diagnóstico sobre las debilidades del sistema educativo nacional anota entre las principales la mala preparación de los maestros, un lastre que limita los efectos de la alta inversión que hace el Estado en la educación. El alivio es que existen instituciones como el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (Isfodosu), que tiene como prioridad formar docentes con calidad indiscutible para ayudar a encarar las falencias.
Las autoridades de ese instituto, con su rector Julio Sánchez Martínez a la cabeza, tienen claro que el fortalecimiento del sistema educativo descansa en una formación docente que no se logra de un día para otro, pero que se lleva a cabo sin pausas. El Isfodosu es, pues, un referente que debe contar con todo el respaldo de quienes buscan mejorar la calidad de la enseñanza.


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