Odebrecht, Danilo, la comisión, la anomia

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Odebrecht trae de vuelta y media al país, y exhibe con toda crudeza nuestras desnudeces. Somos un lar desierto sin instituciones, carente de normas de interactuación, que la voluntad de un sujeto mueve a su antojo. Y quizás no sea tan solo el Estado el que padezca anomia, sino el país entero. Una anomia larga, tediosa, machacona, que ya casi se percibe como algo natural. Hay una definición genial del Diccionario de la Real Academia Española que define la anomia y pinta al país de cuerpo entero: “El conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación”, y esa es la atmósfera que la corrupción de la empresa ODEBRECHT ha sacado a la luz; porque, salvo en los casos de quienes la propician y se benefician de ella, todos debemos admitir que vivimos en un país plagado de corrupción, y sin un régimen de consecuencias.
Hablando para la prensa, el ministro José Ramón Peralta dijo lo siguiente: “La gente no está en ODEBRECHT, la gente está en comida”. Y ese José Ramón Peralta sí que sabe dónde se corta el bacalao. La movilización de la opinión pública ha obligado al Gobierno de Danilo Medina a responder a los reclamos de justicia y al cese de la impunidad, pero el Gobierno nos responde con la desolación de la anomia, porque la impunidad es la norma. ¿Una “Comisión de notables” para escudriñar los entresijos de la licitación de las plantas a carbón de Punta Catalina? ¿Para qué el Estado tiene una Procuraduría General de la República que constitucionalmente debe guiar la investigación y someter a la justicia a quienes hayan incurrido en la práctica de la corrupción? Joaquín Balaguer se burlaba de las comisiones que él mismo creaba, y socarrón decía que si se quería no llegar a ninguna parte, lo único que había que hacer era crear una comisión.
Esa “Comisión de notables” es una admisión de la incompetencia del Ministerio Público, de la intención de encubrir los hechos, y de la anomia. Si se hubiera querido investigar tanto la Procuraduría, como ahora la Comisión, deberían comenzar por saber por qué dos miembros de la Comisión de Licitación de Punta Catalina no firmaron la adjudicación del concurso. Y no son dos miembros sin importancia, se trata de Isidoro Santana, actual ministro de Economía del Gobierno; y del ingeniero Ramón Flores, un hombre de amplio prestigio en la educación y en el conocimiento de la problemática energética. ¿Cuáles razones llevaron a estos dos integrantes de la comisión de licitación de Punta Catalina a no firmar el acta de adjudicación de la obra a ODEBRECHT?
Igualmente el Procurador se sacó de la manga a Ángel Rondón. Era un secreto a voces el rumor que lo señalaba como “el hombre del maletín”, igual que los nombres de los senadores que administraron el soborno de los Tucano; únicamente que Ángel llegó solito, más que un Ángel como un Querubín, envuelto en la contradicción de lo dicho por el Procurador, y lo contradicho por el abogado de ODEBRECHT. En menos de veinte minutos, el Procurador quedó desmentido; y antes la “Comisión de notables” creada por Danilo huyéndole al conocimiento de la verdad, lo puso fuera de juego. El procurador es un Cangrejo sin muela, y la Comisión no sirve para nada. Con ello Danilo Medina pretende sepultar el caso ODEBRECHT, y robarle el trueno a la convocatoria de la marcha por el fin de la impunidad, convocada por una sociedad civil hastiada del espectáculo de la corrupción. Lo dije en mi artículo anterior: el caso ODEBRECHT es un punto de inflexión, la corrupción es una negación de derechos, porque todo lo que se roba el corrupto se le resta al pueblo en felicidad ciudadana. Obliguemos al Gobierno a enfrentarse a la verdad, no aceptemos una burla más de los corruptos que han tomado el Estado como su finca particular! A la marcha contra la impunidad el día 22!


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