Odebrecht y las venas abiertas de América Latina

Millizen Uribe

Uno de los reclamos, válidos por demás, que se le puede hacer a nuestra América Latina es la falta de capacidad de ser cabeza de ratón y no cola de león o, lo que es lo mismo, la ignorancia a ese popular dicho de que la unión hace la fuerza.
Con historias, idiomas y culturas más o menos similares, estas naciones bien pudieron unirse y conformar una gran alianza capaz de negociar de tú a tú con imperios como el de los Estados Unidos o asociaciones como la Unión Europea.
Así lo visualizó Simón Bolívar, el Libertador, con proyectos como La Gran Colombia y su idea de unir a los países de Latinoamérica y del Caribe en un solo bloque económico, político y social, capaz de enfrentar las acciones y medidas colonialistas e imperialistas de las naciones poderosas.
Todavía hoy día ese sueño, que algunos consideran utópico, no se ha logrado, mas las similitudes entre estos países no han cesado para lo bueno, pero tampoco para lo malo.
Hoy las venas abiertas de América Latina, como diría Galeano, drenan corrupción en el caso Odebrecht. Importantes ejecutivos de la constructora brasileña han testificado que la mafia que pagaba sobornos a políticos en Brasil y financiaba campañas electorales a cambio de licitaciones para la construcción de obras se extendió, cual cáncer, por el resto de la región.
“O pagamos a todos, o no pagamos a ninguno”, fue el dilema al que se enfrentó la corporación en un momento, optando por lo primero. Su operación se extendió, en orden alfabético, a Angola, Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela.
Ya el mal está hecho, ahora lo inteligente y valioso sería ver cómo esta experiencia podría contribuir a que nuestras naciones sean más transparentes y, por ende, justas.
En el caso de los demás países hemos visto repercusiones que van desde la detención de al menos tres personas en Colombia: el exviceministro de Transporte Gabriel García Morales, el exsenador Otto Bula y el contratista Andrés Cardona, la investigación de casi cien políticos en Brasil, la vinculación de campañas de presidentes y expresidentes, como Juan Manuel Santos, en Colombia, y Alejandro Toledo, en Perú.
En República Dominicana seguimos demandando acciones más concretas. Y ahora que la Ley de Partidos Políticos está otra vez en agenda, es vital que su aprobación no se dé sin que incluya el acápite de la transparencia en el financiamiento privado.
Las venas de Latinoamérica y de República Dominicana están abiertas. ¡Qué se drene toda la pus!


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