¡Oh Obama! Desde hoy, oficialmente, todas las razas son bellas

La cultura es un mapa mental y espiritual que nos permite llegar a muchos lugares, pero no nos ayuda a llegar a otros que no están en sus registros, aunque éstos existan. Es como el agua al pez, que no sabe qué hay más allá, hasta que se convierte en pescado.

La belleza varía según las culturas. Las mujeres de una etnia se alargan el cuello con anillos, las de otras, se pintan de colores las uñas. Un antropólogo dijo que la diferencia entre la sociedad primitiva y la civilizada era que mientras las mujeres llevaban un anillo en el dedo, en la otra lo llevaban en la nariz. Pero ya ni siquiera eso.

Si el mundo estuviese liderado por la raza amarilla, en vez de las japonesas operarse los ojos para asemejarse a las occidentales, éstas se operarían para parecerse a las japonesas.

El ascenso de Barak Obama, por un canal de gran aceptación, a la posición de mayor poder-status del mundo, produce un “punto de quiebra” en muchos patrones predominantes.

En lo adelante los negros serán más bonitos y más inteligentes para la imaginación y la percepción del mundo. No ya solamente más atléticos o vigorosos u otros estereotipos. Y no se conformarán con aspirar a músicos o peloteros.

Semanas atrás, en Miami, un chofer negro de un minibús nos dijo a unos amigos con orgullo y optimismo: “Ahora sé que mi hijo puede llegar a ser presidente de los Estados Unidos”. A todos emocionó esa expresión de libre opción y justicia. Efectivamente, con sólo eso, tenemos un mundo mejor.

 Obama no es un negro americano típico, con una memoria de rechazo social y opresión sociocultural, y eso le seguirá permitiendo relacionarse con los blancos y los de otras razas sin prejuicios ni suspicacias. Lo que más temerían otras etnias sería a un racista con tanto poder.

El mundo espera un estadista que vea con equidistancia y justicia las diferentes etnias, culturas y naciones; sin dejarse maniatar del sistema estadounidense y la cultura establecida, aunque estos dominarán el juego. Deberá evitar ser percibido racialmente parcializado, y evitar que los negros y a otras minorías norteamericanas, alienten proyectos desproporcionados o revanchistas.

Sería peligroso. También sería lamentable que Hollywood y la parafernalia mercadotécnica intenten convertirlo en un ícono de adoración, un héroe de postalitas, una moda o una monería.


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