¡Ojo al Cristo!

Millizen Uribe

En el marco de las relaciones de producción, la función que juegan los trabajadores es clave, y, en el caso dominicano, el sistema de compensación no es directamente proporcional.
Es tanto así que cada vez que puedo reitero un dato que dio el economista Luis Vargas en el que apuntaló que, de manera general, en República Dominicana, la productividad en las empresas ha aumentado, pero el beneficio de los trabajadores, muy por el contrario, ha disminuido.
Al respecto, explica que entre 1999 y 2015, la remuneración real mensual de los trabajadores ocupados ¡descendió a precios del año 1999!, pasando, en picado, de 25.29% a 3,787 pesos de 5,069.
Agrega que esto pasa mientras la productividad de los trabajadores ha aumentado casi 100 por ciento, pues pasó de 100 en el 2000 a 198 en el 2013.
Recordemos que esto sucede en el país donde el 57% de los trabajadores ganamenos de RD$10,000 y 65% menos de RD$15,000, según datos de la misma Tesorería de la Seguridad Social, salarios de miseria, muy por debajo del costo de la canasta familiar de bienes y servicios básicos.
Entonces, este panorama, por sí solo, indica cuál debe ser el objetivo principal de cualquier posible modificación de las condiciones laborales en República Dominicana. Pero, a juzgar por la agenda que hasta ahora ha llegado a la opinión pública, el interés y proceso de un nuevo intento de modificar el Código de Trabajo estaría dominado por beneficios para el sector patronal.
Representantes de los trabajadores que participan en el diálogo denuncian que se busca eliminar derechos adquiridos de los trabajadores, como la cesantía, en tiempo y pago, y modificar las jornadas laborales.
Ahora bien, como sector, el empresariado está en el derecho legítimo de defender sus intereses, mas la preocupación es ¿Qué garantías tenemos que en esa mesa y discusión se van a bien defender también los intereses de los trabajadores y trabajadoras?
La inquietud es porque, para nadie es un secreto, que el nivel de fortaleza y capacidad de articulación y representación de los sindicalistas no se puede comparar con el de los empresarios, y el Gobierno no está exento de intereses políticos y partidarios (máxime cuando aún no se ha definido la candidatura presidencial del partido oficialista) que lo pueden llevar a inclinarse a un lado, más que a otro.
Por eso, urge estar atentos y vigilantes a una posible modificación del Código de Trabajo, que si bien es cierto es una buena oportunidad de modernizar y contemplar inquietudes del sector patronal, también lo es que debe comenzar por lo primero: hacer más justa y equilibrada la relación entre productividad y salarios de los trabajadores, porque hasta el día de hoy ¡Deja mucho que desear! Y si no será así, mejor que no se haga.


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