Once caras de la vida

Federico  Henríquez Gratereaux

La vida humana presenta diversos lados, aspectos o facetas. Para ciertos observadores tiene a veces una cara cómica y en otras ocasiones una expresión trágica. Hemos visto, adornando muchos escenarios, reproducciones de máscaras del teatro griego que representan lo cómico y lo trágico. Pero además, está la tristeza y la alegría. Hay días en que, al amanecer, la alegría nos saluda desde una flor o a partir del canto de un pájaro. Días en que el primer bocado del desayuno nos sabe tan bien que damos gracias a Dios por el café con leche o por un simple huevo frito.

No quiero dejar fuera de esta nota el sabor del pan con mantequilla, como si no fuera un manjar delicioso. Un hombre que ha dormido bien, tiende a ver en los alimentos ordinarios unos encantos especiales. Se ha dicho siempre que el olor del pan caliente tiene el poder de espantar la muerte.
Algunos psicólogos afirman que todo depende de la actitud con que nos acerquemos a las cosas. Tengo un amigo que dice que al célebre don Quintín el amargado, no le complacen, ni el pan, ni la mantequilla, ni el café con leche; que da la impresión de que detesta incluso el huevo frito.
La pobreza y la riqueza, la salud y la enfermedad, son otras cuatro caras alternativas de la vida humana. Todas estas cosas y las mencionadas anteriormente aparecen, o se instalan, en la juventud o en la vejez, que son dos porciones esenciales de las vidas de los hombres. Trágica o cómica, triste o alegre, con salud o sin ella, la vida no es la misma para el joven que para el anciano. El viejo – que antes fue joven – puede dar testimonio desde ambas perspectivas.
Sin embargo, de todas las caras que puede presentarnos la vida, “la cara política” es la más azorante y dolorosa. En algunos casos puede ser una careta feroz que condicione la vida de miles de personas. Alejo Carpentier, el escritor cubano, se fue de su país porque gobernaba Machado; cuando regresó, empezó a gobernar Batista; volvió a irse. Retornó después del triunfo de Fidel Castro. Este último, gobernó más tiempo que Machado y Batista juntos.


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