Oportunidad para la JCE

La Junta Central Electoral, cuyas posturas inspiran confianza al espectro partidario sin excepción, está puesta con la aprobación de la Ley de Partidos sobre los raíles que la conducirán al más cercano proceso electoral, aunque apremiada por demás de que el Congreso Nacional se digne superar inacciones dando paso a la legislación que completaría el marco jurídico del sistema comicial. El avance más promisorio, gracias a las normativas promulgadas, es el que ratifica con disposiciones adjetivas la vigencia de mandatos constitucionales para la aplicación de medidas imprescindibles para un estricto cumplimiento de las reglas sujetas que implican sanciones para garantizar equidad en las competencias.
Están adelantadas las bases para que el organismo prosiga en calidad de organizador idóneo que resulta fortalecido para proponerse objetivos ejerciendo un liderazgo de puertas abiertas a reclamos y propuestas de los partidos reconocidos y la sociedad civil. Queda el reto de que es la primera vez que el proselitismo y su financiamiento estarán sometidos a restricciones que chocan con usos y culturas defendidos a todo dar por los promotores de aspiraciones afines a los oficialismos. Los entes de opinión pública, y la generalidad de los partidos políticos, deberán destacarse con firmeza pero sin estridencia en colaborar con la JCE, aportando ideas para su toma de decisiones en el marco de sus facultades reconocidas.

Multiplicación de los pesares

En el 2018, año de obligadas mediciones y balances, la fecha de ayer trajo, como para sacudir al país con hechos y no con cuentos, unas cifras de dolor que aguarían cualquier fiesta: en lo que va de meses han muerto en el país 431 recién nacidos por encima de los decesos del mismo lapso 2017. 1,965 criaturas en total que apenas tuvieron derecho a la vida. Toda valoración del sistema sanitario dominicano tiene que incluir amargor y tristeza por tan alta mortalidad.
En solo ocho meses se da mentís al ruido propagandístico que quiere hacer creer que se progresa hacia el objetivo, esencial e inexcusable, de preservar la existencia humana en la población más desvalida, con millares de familias más con luctuosos motivos para deplorar la gestión de salud. La proyección aterroriza.