Orquesta Sinfónica Nacional deslumbrante Oda a las Madres

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En conmemoración del 50 Aniversario de la “Asociación La Hora de Dios”, la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección del maestro José Antonio Molina, ofreció un exquisito concierto el miércoles por la noche en el Teatro Nacional Eduardo Brito, denominado “Oda a las Madres”.
La espléndida noche musical inicia con una de las composiciones instrumentales más brillantes de Giuseppe Verdi, la Obertura de la ópera “I Vespri Siciliani” –Las vísperas Sicilianas- basada en un hecho histórico, la liberación de la isla de Palermo de los franceses en 1282, la Obertura en su introducción presenta el funesto tema de la muerte, luego se escuchan otros temas presentes en la ópera, hasta el arrollador final que impacta al público. La conducción de Molina lleva a la Orquesta a un momento espectacular, solo el preludio de lo que sería una noche musical excepcional.
El programa continúa con el concierto para Saxofón y Orquesta en La menor, del compositor dominicano Bienvenido Bustamante. Luego de su estreno en 1996 en el Teatro Nacional por la Orquesta Sinfónica, dirigida por el maestro Julio De Windt y teniendo como solista al saxofonista Sócrates de León, fue presentado años después en versión para flauta, interpretado por Luis Ruiz, hoy hemos tenido la oportunidad de escucharlo en una magnífica adaptación para clarinete, del maestro Molina, a cargo del joven Juan Esteban Martínez.
El concierto de Bustamante consta de tres tiempos, es una de nuestras más hermosas piezas clásicas, donde el elemento folclórico está presente y trasciende, representa emociones, sentimientos, es música con identidad, la nuestra, una expresión musical genuina que concilia de alguna manera, la cultura nacional.
La introducción del primer movimiento “Allegro Moderato” es magnífica, luego da paso al solista que retoma el tema introductorio, y pasa a un segundo tema romántico. Las cuerdas en pizzicato, el resonar de los timbales, presentan el segundo movimiento “Lento”, Juan Esteban Martínez se decanta en los diálogos, y en sus solos muestra la condición más importante de un solista, darle vida especial a las notas. En el tercer movimiento “Moderato” la güira propicia el tiempo de merengue, el ritmo de la tambora lo envuelve todo, güira y tambora se convierten en instrumentos sinfónicos.
El “jaleo” permite las improvisaciones, el solista se toma libertades adecuadas al género y se crece, su fertilidad imaginativa lo proyectan como un virtuoso clarinetista. El público embriagado de ritmo, tributa una merecida ovación al solista, al Director. Un futuro prometedor le aguarda al joven clarinetista Juan Esteban Martínez, esperamos que este augurio se vea ampliamente realizado.
Tras el intermedio, fue interpretada la majestuosa Cuarta Sinfonía en Fa menor de Tchaikovsky, que consta de cuatro movimientos, los que simbolizan según su propio autor, “la lucha del hombre con su destino”.

La introducción del primer movimiento “Andante sostenuto- contiene el germen de la Sinfonía, la idea fundamental en la que se basa todo, el tema expuesto por la sección de viento se convierte en “leit motiv”.
En el segundo movimiento “Andantino in modo di canzona” un oboe y cuerdas en pizzicato, expresan la melancolía que invade al compositor. El tercer movimiento “Scherzo, pizzicato ostinato-Allegro- es de una instrumentación especialísima, no expresa sensaciones, son imágenes caprichosas, fugaces, que se expresan en las cuerdas en “pizzicato” a las que se unen los instrumentos de viento-madera, para terminar suavemente dejando una impresión imborrable. Este movimiento es logrado con preciosismo por nuestra Orquesta Sinfónica.
El final “Allegro con fuoco” inicia con un tema vigoroso que introduce una canción popular rusa “Hay un árbol alto en mi campo”, luego se escucha el tema nostálgico del primer movimiento, para concluir en contraste, con una brillantez impactante.

Una noche excepcional en pro de una noble causa: La Hora de Dios.