“Otoño danza” creatividad desbordante

El espectáculo “Otoño danza” es un espectáculo creado por coreógrafos dominicanos e invitados internacionales.

Cuando los directivos del Ballet Clásico Nacional, creado en el año 1981, decidieron eliminar el adjetivo “clásico”, para pasar a llamarse sólo “Ballet Nacional”, simplemente se adecuaban a la realidad de la compañía, cuya línea conceptual y estilística estaba, desde hacía mucho tiempo, más cercana al llamado “ballet moderno o contemporáneo”, sin que esto significara el abandono de la técnica clásica, base formativa de sus integrantes.

Al liberarse del “clásico” la compañía explora nuevas formas expresivas del movimiento y potencia la versatilidad de sus bailarines.

En “Otoño danza”, como en otras temporadas, el Ballet Nacional, bajo la dirección de Marinella Sallent, presenta un espectáculo con obras de coreógrafos dominicanos e invitados internacionales, en el que cada uno de ellos, más allá del concepto, expone una idea, la motivación lúdica inspirada en el movimiento creativo. El ballet que abría el espectáculo “Imagen de un sueño”, coreografía de Víctor Ramírez y Mercedes Morales, no pudo presentarse la noche del sábado, por lesión del bailarín principal, lo que lamentamos profundamente, pues nos privamos de ver la propuesta de estas dos grandes figuras, que han contribuido esencialmente en la apertura de nuevos caminos en la danza nacional a partir de su “Ballet Roto”.

El programa incluye cuatro ballets de la reconocida coreógrafa Annabelle López Ochoa. “Symbiosis”, como expresa su nombre, es una conjunción de elementos que se asocian y benefician mutuamente, hombre-mujer, sol y luna, blanco y negro, pero además, es conflicto y reconciliación, es expresión de cotidianidad.

La música contrastante, Chopin y Bach, y la energía y entrega que transmiten los bailarines, permiten adentrarnos en ese cosmos infinitamente creativo de la hacedora de danza.

Sobre “Agua viva” ballet presentado el pasado año, esta vez en versión resumida, confirmamos lo que ya habíamos comendado.

Annabelle nos brinda con el paso a dos “Before After” –antes después- un momento entrañable, donde asoman el lirismo, la poesía, el amor.

Stephanie Bauger regresa a la escena con renovado ímpetu y, como antes, su técnica luce estupenda. Después de esta noche, tras la madurez interpretativa proyectada, mucho tiene que ofrecer la temperamental bailarina. El dueto junto al excelente bailarín invitado Nicolás Berrueta, es una delicia, una entrega total, una simbiosis perfecta, esencial.

El espectáculo cierra con un ballet cuyo sugestivo título es en sí mismo, un ícono de contemporaneidad “[email protected]” –Naturaleza muerta–. Annabelle López recrea un bodegón viviente, cuyo elemento simbólico es una manzana, y no roja. El motivo desborda la inventiva coreográfica, en la que se alternan momentos hilarantes, y “situaciones sórdidas”, pero además, el movimiento vital de la coreografía, recurrente, sin llegar a la rutina, da paso a estampas momentáneas surrealistas, de gran belleza.

El significado de la abstracción simbólica que propone la artista, no consensuado, es interpretado por cada espectador desde su propio marco de referencia. Los hombres en travesti constituyen un alarde de creatividad, que decanta la versatilidad de los bailarines: Jonathan Castillo, Pablo Pérez y Ednis Gómez, así como la espectacularidad de las bailarinas Stephanie Bauger, María Raquel García y Olga Campo.

De la coreógrafa dominicana Elizabeth Crooke, se presentó el ballet “Mi fuerza interior”. La melodía nostálgica del maestro Bienvenido Bustamante, sin duda ejerce influjo en la creadora para la elaboración de las bellísimas imágenes, así como su ritmo, en el movimiento sugerente y simbólico. Las bailarinas Lisbell Piedra, Alihaydee Carreño y Leidy Villalobos, además de técnica, poseen esa energía vital capaz de producir belleza en sus desplazamientos. La presencia de Joel Rodríguez es impactante, su cuerpo modelado y maleable, cual figura esculpida en barro, es centro y contraste. El talento creativo de Elizabeth Crooke es notable.

En todos los ballets presentados, cada individualidad brilla con luz propia, pero como una estrella más, como parte de un todo congruente que es la creación danzaria.

Con escasos detalles escenográficos y luces cenitales resaltantes, la danza pura fluye, incontenible, y se materializa a través de los cuerpos de los bailarines del Ballet Nacional.

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“Otoño danza”
La producción del espectáculo fue posible gracias a una alianza entre el Ballet Nacional Dominicano, el Ministerio de Cultura, el Patronato Dominicano por la Danza y la Dirección General de Bellas Artes.