Otras reflexiones y observaciones sobre discriminaciones y color de piel en RD

Millizen Uribe

Mi artículo anterior, “Confesiones de una negra que ha sido discriminada”, recibió varias observaciones. Algunos estudiosos me señalaron que, más que discriminación por color de piel, en República Dominicana hay discriminación de clase. “Un negro con dinero puede ir a los mismos lugares que los blancos”, me dijeron.
Otros me indicaron es poco relevante hablar de discriminación racial cuando genéticamente está comprobado las razas no existen.
Ciertamente, el concepto raza se usa en biología como categoría clasificatoria para organismos o poblaciones genéticamente diferenciadas en una especie. Pero estudiosos del genoma humano encontraron que, biológicamente, no hay diferencias en humanos, sino que son culturales y sociales.
Precisamente, ahí radica la inquietud de mi escrito anterior, porque la ciencia demostró las razas no existen, pero el racismo persiste.
Claro, las discriminaciones son variadas: clase, género, edad, preferencias sexuales, nacionalidad… Pero también color de piel y textura del pelo, que no deben quedar invisibilizadas, porque tienen vida propia.
En el artículo anterior cité varios ejemplos. Quiero rescatar dos: En algunos colegios de clase media y alta, las niñas de pelo lacio pueden llevarlo suelto, pero las que tienen afro no. Niñas blancas y negras, con las mismas posibilidades económicas, reciben un trato diferenciado por su textura de pelo.
En el acceso a bares, negros y blancos, con igual poder adquisitivo, pueden ir a los mismos. Los blancos entrarán sin problema, pero los negros deberán demostrar su poder adquisitivo, yendo más allá de la discriminación de clase para llegar al prejuicio entre negro y pobreza.
En este sentido es sumamente interesante la vivencia de la antropóloga española Carmen Gregorio Gil, quien realizó un estudio en República Dominicana y en Cuba, una práctica etnográfica, acerca de cuerpos, sexualidades y poder (2014). Mientras investigaba experimentó (desde la acera contraria) la discriminación por color de piel y textura del pelo. Su piel blanca y pelo lacio la colocaron socialmente en una posición privilegiada.
Presenció visiones como las de “Mejorar la raza” y “adelantar la raza”, usada para connotar positivamente relaciones de pareja entre hombres negros o mulatos y mujeres blancas, y comentarios como “Mima, yo siempre he estado con mujeres más claras y no es tanto el color como el pelo. Yo meter así los dedos (me acaricia el pelo a modo de peine) y que no pasen los dedos…, es que no puedo. No soporto el pelo malo”.

El origen de esto está ligado a nuestro pasado colonial y su jerarquización. Pero hay que superarlo ya.

Y estoy consciente del riesgo de exponer estas ideas cuando fanatismo y pseudonacionalismo se pasean exhibiendo odio y barbarie sin pudor. Pero en un país donde Santana está en el Panteón Nacional y Balaguer es “el padre de la democracia” no es de extrañar que quienes defienden tratos equitativos y derechos humanos sean llamados traidores de la Patria. !Hace mucho que este país está patas arriba!