Otro absceso que estalló

Eusebio Rivera Almodóvar

Nuestro sistema de salud es el mejor ejemplo del subdesarrollo predominante en una institución estatal llamada a ser el estandarte del “progreso” que proclaman los actuales gobernantes. Los organismos internacionales se limitan a exponer y comparar cifras estadísticas en mortalidad materna e infantil, sin proveer recursos que resuelvan los desastres que ellos describen, siendo diligentes preparando almuerzos, reuniones y conferencias sin cumplir mínimamente los objetivos diplomáticos de rectoría que originaron su creación.
Los habituales parches que nuestras autoridades sanitarias locales ponen en las crisis recurrentes en el sector salud, son como paños de agua tibia en las colecciones de pus que explotan en la piel y, cuando resuena en la prensa, se movilizan funcionarios de diversa categoría a centros donde el detonador fue un número importante de muertes maternas o perinatales (Maternidad La Altagracia); inusual número de muertes infantiles (Hospital Robert Reid Cabral); déficit de camas y quirófanos cerrados por lentas remodelaciones o reconstrucciones (Darío Contreras, Moscoso Puello de Santo Domingo, Cabral y Báez de Santiago y numerosos en el resto del país) y el reciente alboroto por las muertes de neonatos en el Jaime Mota de Barahona, último estallido de un absceso que salió a la luz pública y al que seguirán otros con el mismo origen: La corrupción que arropa nuestra nación incluye a nuestro sistema de salud, sustentado en una legislación natimuerta, burlada en sus mejores propósitos por el gran capital y los mercantilistas de la salud, que anhelan un aumento presupuestario al estilo del 4% de educación, para aumentar sus ganancias, sin reglamentaciones, donde los miserables seguirán siendo material purulento que explotará y se destacará de vez en cuando.


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