¿Otro vacío de consecuencias?

El país despertó hace dos días impactado por saber que autoridades fronterizas dominicanas liberaban sin acusaciones a contrabandistas de mercancías y a traficantes de braceros haitianos introducidos al país y que además los cuerpos de delito, consistentes casi siempre en gran cantidad de bienes, pasaban a un destino diferente al que por ley corresponde. El reclamo del Ministerio Público de que cese esa práctica del personal militar a lo largo del límite territorial expone un escandaloso incumplimiento de obligaciones institucionales; no una mera y pasajera irregularidad ante la cual el poder administrativo y judicial pueda limitarse a solicitar que a partir de ahora las tropas en servicio respeten las normativas vigentes.
Lo denunciado responsablemente por fiscales de la zona pone a la luz que los principios éticos y de compromiso con la legalidad fueron pisoteados por un determinado personal puesto allí por el Estado. Los procedimientos de orden público y obligada aplicación en nombre de la ley y los intereses de la República, estuvieron ausentes por lo menos hasta ahora en desprecio al clamor que por muchos años ha expresado esta sociedad en el sentido de convertir la frontera en una auténtica línea de separación contra el delito y el ingreso en ocasiones masivo, de viajeros auspiciado por mafias que logran sus fines comprando voluntades. Preocupa que se prefiera dejar estos hechos sin sanción.

Un fiestón para pagar  después

A los dominicanos y demás habitantes se les está propiciando un “milagro” en gastos (no siempre racionales) e inversiones a un precio que resultará mucho mayor de lo que ahora cuesta en dinero; un compromiso ineludible para todos ellos y para sus descendientes por efecto de una carrera de endeudamiento que con el tiempo significará un pago en capital e intereses que se multiplicará considerablemente.

Se hace crecer la economía a base de inyecciones poderosas de recursos foráneos sin que paralelamente se desarrolle la capacidad de enfrentar los costos a futuro de la “hazaña” de gobierno, incluso superando en magnitud al propio crecimiento sabiéndose que se toma prestado hasta para pagar deudas viejas. No se ha puesto atención a las recomendaciones de atenuar la marcha hacia una previsible insostenibilidad.


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