Oviedo necesita un nuevo liceo

En Oviedo, en Pedernales, los estudiantes y los docentes llevan ocho años sufriendo los efectos nocivos del trabajo ineficiente y de la ausencia de supervisión gubernamental. Ocurre que en el 2010 fue levantado un plantel a un costo de aproximadamente RD$60 millones, que solo pudo utilizarse durante un año lectivo. Después de ese año, se recomendó abandonar el edificio, porque la gravedad de los vicios de construcción aconsejó que por allí ni siquiera se pasara cerca. El liceo Elizardo Sánchez Arache sigue ahí, inservible, exhibiendo la majestuosa ineficiencia con que fue levantado. En esta edición, nuestra periodista Nazareth García nos describe y nos muestra aquel fracaso. Mientras, casi 400 estudiantes están distribuidos en improvisadas “escuelas” y almorzando en algunas enramadas levantadas “como se pudo”. Oviedo necesita, por lo tanto, un liceo. Las autoridades de Educación deben incluirlo en el programa de construcción de escuelas para solventar esta necesidad, pero no sin antes retomar los informes técnicos levantados sobre los vicios de construcción del liceo Elizardo Sánchez Arache, establecer responsabilidades y hacer los reclamos de lugar.

El sueño de ser un país exportador

El deseo de convertir a la República Dominicana en una nación de grandes exportaciones es un viejo sueño sobre el cual se ha dicho mucho, se ha escrito más e, incluso, distintos gobiernos han tomado medidas y han anunciado planes. Pero el deseo no llega a concretizarse sino que, al revés, nuestras exportaciones decaen. Descuidamos nuestras plantaciones de café y cacao y nos dejamos llevar de los cantos de sirenas que llegaron del exterior y que encontraron eco en políticos urbanos, y matamos la próspera industria azucarera. Nos quedamos sin pitos y sin flautas, y hasta nos convertimos en importadores de rubros que producíamos en grandes cantidades. Para nuestra suerte, las zonas francas, el tabaco y la minería no nos han dejado caer del todo, y las “exportaciones internas” que es el turismo. Pero a pesar de esos reveses, debemos seguir con el deseo de convertirnos en una nación exportadora. El Gobierno parece estar en esa línea y ha declarado el 2018 el Año de la Exportación. Ojalá que no sea un simple cambio de eslogan en la papelería estatal. Necesitamos ver los esfuerzos, la pasión, las medidas concretas, las facilidades a los productores y la práctica de la llamada “cultura exportadora”.


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