Palabras en la Fundación Corripio en la puesta en circulación del CD de Dante Cucurullo

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Es un verdadero honor darles la bienvenida, en nombre de la Fundación Corripio Incorporada, y un motivo de mucha satisfacción decir las palabras iniciales en este acto de puesta en circulación del esperado disco compacto del maestro Dante Cucurullo que recoge algunas de sus obras emblemáticas: Sueño. Fantasía para Orquesta – 5 Bloques para Orquesta – Pinceles para un Ángel. Ballet – Fronteras al Infinito – y Garrick, Poema Sinfónico, que da título al disco. Como dato relevante, diré que la primera, tercera y última de estas obras fueron merecedoras en su momento del Premio Anual de Composición «José Reyes».
En la literatura que acompaña al disco se incluye una extensa biografía del autor, en la que se advierte su esmerada formación musical, su trayectoria, constelada de realizaciones y logros, las obras que ha compuesto para música de cámara, para piano, orquestales y electroacústicas. Se incluyen también algunos testimonios de maestros consagrados, como el ecuatoriano Álvaro Manzano, y los dominicanos Jacinto Gimbernard y Julio de Windt.
Les ruego me permitan leer las palabras que escribí sobre la música del maestro Dante Cucurullo, mis impresiones más bien sobre su arte y el lugar que ocupa en nuestro mundo musical, y que aparecen en el folleto del disco.
Margarita Luna (1921-2016) fue la primera persona que me habló de manera elogiosa sobre Dante Cucurullo (1957), a quien consideraba como un hijo, sobre todo por la música, cordón umbilical que lo unía a ella, quien es una ilustre figura llamada a ocupar un lugar señero en la historia cultural del país, junto a Manuel Simó (1916-1988) y el propio Dante, tres integrantes representativos, entre otros, de la mejor música dominicana contemporánea.
Años más tarde conocí a Dante personalmente y quedé tan entusiasmado con sus creaciones que por un tiempo él, María Irene Blanco y yo acariciamos la idea de grabar un disco compacto con la Orquesta Sinfónica Nacional, para la colección discográfica del Banco Central de la República Dominicana, bajo la batuta del maestro ecuatoriano Álvaro Manzano (1955). Pero después de muchos esfuerzos el proyecto desafortunadamente no cuajó, sobre todo por la ausencia de este cuando renunció como director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional y regresó a su país de origen.
Escuchar la música de Dante Cucurullo es una experiencia única que pone de manifiesto la solidez conceptual y la amplitud de miras de su formación, su sintonía con las corrientes más avanzadas de la música latinoamericana y universal. Pero él, muy consciente de su origen caribeño, se mantiene en busca de las esencias de su propia cultura. El rigor intelectual de su aprendizaje totalizador se pone de manifiesto en cada una de las facetas en las que descuella con luz propia como intérprete, compositor, educador, director orquestal y animador, campos en los que ha dejado una huella indeleble en las últimas décadas.
La música de Dante Cucurullo nos introduce a un universo sonoro que posee su propio sello de identidad y lo diferencia de sus pares. Sus creaciones son siempre innovadoras y sugerentes. Él ha sabido aprovechar sabiamente el legado del canon clásico y de la instrumentación tradicional para configurar un mundo propio a base de experimentaciones audaces con la percusión y en especial la electroacústica, de la que es todo un pionero en nuestro país, así como el empleo de elementos que pueden considerarse insólitos y que en sus manos adquieren otro sentido. Llamarla música de vanguardia sería someterla a un corsé demasiado ceñido, porque sus composiciones desbordan ese término, tan vinculado a las expresiones artísticas de principios del siglo veinte.
Cuando se lee la hoja de vida de Dante Cucurullo, uno no puede menos que quedar impresionado con su trayectoria ascendente y en plena actividad. Aquel muchacho que vino de San Juan de la Maguana a Santo Domingo para estudiar música, persiguiendo un sueño que haría realidad a base de talento y estudio, constituye hoy uno de los pilares de la música dominicana contemporánea. No por casualidad, entre 1996 y 2008, el maestro Cucurullo ha obtenido en seis ocasiones el Premio Anual de Música «José Reyes», por obras emblemáticas de su trabajo como compositor: Sueño, fantasía para orquesta, Encuentro para vibráfono y orquesta, Pinceles para un ángel, Dúo para piano No.1, Concertino para piano, orquesta de cuerdas y percusión, y el poema sinfónico Garrick.