Pantaleón, las visitadoras y las instituciones marginales

Rafael Acevedo

La gente se ha acostumbrado a pensar que las instituciones son tan solo organizaciones del Estado o algo así; que tienen jefes que hacen noticias, y ocupan grandes edificios. Para las ciencias sociales, una institución es un sistema de conductas compartidas, sancionadas (se premia y se castiga a los que cumplen o no), que sirve o realiza alguna función para los miembros de una sociedad.
Orwell, y también otros, han desarrollado verdadero experimentos sociológicos de ficción (como lo es el laboratorio, en cierta medida), en los que han mostrado cómo probablemente serían las cosas si ocurriese lo que ellos han presupuesto en sus novelas (supuestos del diseño de investigación). Vargas Llosa hizo, pues, un interesantísimo experimento-ficción, según el cual, el oficial Pantaleón reclutó y entrenó a un grupo de prostitutas de Lima, y las llevó a la Amazonía, a fin de evitar que los militares abusaran de las mujeres indígenas, y una secuela de conflictos entre militares y los naturales de la selva. Desde siempre, la prostitución ha sido un servicio social marginal, clandestino, apartado, tolerado, según los niveles de pudor y las reglas morales de las sociedades. Los beneficiarios de la prostitución van desde las reputaciones y virginidades preservadas de mujeres de clase media, las trabajadoras sexuales, sus familiares y clientes, administradores de prostíbulos, proveedores (a menudo honorables). Igual que con el negocio del carnaval, son compañías de bebidas alcohólicas, músicos, publicistas, técnicos, investigadores, y asociados los mayores beneficiarios.
La lista de instituciones marginales criollas es enorme: Incluye “parqueadores” que, combinados (o no) con policías y jefes, cobran por estacionamiento y vigilancia de vehículos en espacios públicos; hasta el sistema clientelista de reclutamiento de parciales para un candidato, de buscones que recaudan pasajeros, clientes para reparaciones de automóviles, revendedores de entradas al estadio, y lobbyistas de primer nivel. Son formas de instituciones marginales que complementan (y perpetúan) las deficiencias del sistema institucional formal del Estado y sociedad. Muchas instituciones marginales prosperan hasta ser tan grandes, temibles y rentables, como las mafias de contrabando de armas, del narcotráfico, y empresas de lavado de activos. Países cuyo sistema institucional formal es deficiente de arriba abajo, que sus leyes y reglamentos no alcanzan a cubrir y controlar gran parte de las conductas socialmente punibles, provocan (requieren) el desarrollo de estas entidades. Por lo que la desobediencia y la corrupción administrativa son conductas normales estadísticamente hablando (no legal ni moralmente). La corrupción administrativa y las instituciones marginales son complementarias. No son necesariamente consecuencia de voluntades de individuos ni de mandatarios de primer y segundo nivel. Frecuentemente se trata mecanismos informales que ni siquiera se refieren (recuerdan) lo establecido en leyes y normas gubernativo-administrativas; sino que son soluciones improvisadas que prevalecen como modus operandi, formas discrecionales de ejecutivos y subalternos que no tienen otra forma de resolver ciertos problemas del día a día. Localmente, son tantas las violaciones a las leyes del Estado que se cometen que se podría decir que las violaciones son necesarias para el funcionamiento de nuestros estados y las actividades públicas.