Paralizaciones improcedentes

La pretensión de llevar colectividades enteras, regionales o nacionales, al cese de actividad replantea un sentido de lucha que adquiere, desde las convocatorias por grupos no exactamente articulados con la sociedad, un carácter compulsivo sobre un universo de intereses legítimos y numéricamente respetables que aun aceptando las causas y protestas prefieren que sus múltiples y diferentes labores no tengan que interrumpirse por mandato de unas dirigencias que no pueden asumir, pura y simplemente, la representación del todo. Existe diferencia entre exteriorizar con marchas y consignas unas demandas que gozan de simpatía y proponerse involucrar a sectores completos de comunidades a apartarse por algún lapso de sus ocupaciones, subrayando excesivamente posiciones antigubernamentales junto a las demandas sociales y económicas sectoriales. Debe reconocerse que las movilizaciones pueden alcanzar respeto y catapultar cambios en políticas de Estado sin detener dañosamente el accionar de la gente ni el de la multiplicidad de negocios y quehaceres que son consecuencia del crecimiento del país.
La radicalización mediante paros generales dispuestos unilateralmente desde un nivel grupal encierra un potencial de actos de violencia que podrían ocurrírseles a alguien, como advertencia a quienes como parte de la sociedad objeten ese método de lucha, con todo lo que ello pueda significar.

 

Llamaradas infanticidas

La carrera de muertes manifestada a través del tiempo con horrible costo para la niñez debe ser detenida con la aplicación efectiva de sanciones de ley para dar señales a muchos padres y generar un sentido colectivo de responsabilidad respecto de los hijos en minoría de edad. Las crónicas de trágicos finales por incendios en casuchas con víctimas encerradas y dejadas a su suerte son de atroz reincidencia. Cuatro tiernas existencias carbonizadas en una casucha de Elías Piña exponen el último episodio de tales características.

Se está generando mucho dolor a la sociedad a base de velas encendidas y candados en las puertas de humildes viviendas dejadas sin asistencia ni vigilancia porque los adultos tienen que irse a divertir o a atender otros asuntos que no pueden ser más importantes que sus criaturas.