Paranoia: para no ir

Uno quisiera no haber visto o escuchado que un médico fue golpeado para atracarlo al llegar a su casa; que a otro galeno lo asaltaron haciendo ejercicios; que a Francina la cegaron con un fatídico y criminal disparo en la cara; que a una joven madre le dispararon y el proyectil alcanzó a su hijo mortalmente en un intento por robarle una motocicleta; que asesinaron a dos damas en circunstancias parecidas residentes en una misma urbanización; que ejecutaron en plena calle a un empleado de salud pública. Uno quisiera, que todo eso fuera una pesadilla de la que felizmente nos despertemos en la mañana.

Pero no es así. Estamos en un nivel de barbarie que se incrementa hasta crear un terror colectivo y las historias corren como en una serie de suspenso donde cada episodio es más espeluznante.

Entonces surge la paranoia: No importa quién seas o a donde vayas, te puede ocurrir. Las parejas de asaltantes y asesinos en motocicletas pueden aparecer por doquier; pueden intentar detenerte para robar tu vehículo; pueden dispararte y morir tú o tus acompañantes; pueden asesinarte si ayudas a capturar a un criminal; subes de peso por no ejercitarte en parques; tienes que mirar para todos lados antes de parquearte en tu propia casa y con todas esas medidas de precaución, tú o tu vehículo pueden ser confundidos por sicarios y “ajustar” contigo cuentas que nunca fueron tuyas.

La situación está no solamente de paranoia, sino también “para no ir” a ninguna parte, pero tenemos que seguir viviendo, reforzando nuestras auto-defensas y colaborando en la eliminación de las raíces del crimen, bien conocidas por todos.