Patrimonio que debe protegerse

En los primeros años del siglo pasado San Pedro de Macorís jugó su papel en un temprano desarrollo industrial acompañado de un auge del arte y la cultura. Las huellas de esa etapa, inscrita en la historia dominicana, están ahí sobreviviendo como esqueletos en destrucción de magníficas muestras arquitectónicas. Fuera, absolutamente, de la agenda de quienes deben proteger los edificios que testimonian jalones de progreso de dominicanos de la propia ciudad o venidos de otros puntos del país y de inmigrantes del vecindario caribeño atraídos por la “Danza de los Millones” de la industria azucarera que prontamente se convirtió en un renglón básico de la economía criolla. Un protagonismo que se manifestaba en la expansión de la comunicación telefónica y en contactos aéreos internacionales, entre otros aspectos.
El rescate de lo monumental daría un merecido relieve a la referida época dorada, y a su vez sería de utilidad para generar polos de atracción ahora que se habla de dar mayor dimensión a lo nacional para fines turísticos, más allá de los resorts del todo incluido. El visitante podría acudir a la presencia de perfiles urbanos representativos de la nación. Se ha puesto en valor a la Zona Colonial de Santo Domingo y debería llegarles una buena hora también a otras ciudades, además de a Macorís, como La Vega, Santiago y Puerto Plata entre otras localidades que deben cobrar esplendor.

Reaccionar contra el crimen

El respetado padre Luis Rosario emitió, al iniciarse la Cuaresma, un mensaje oportuno a todas las creencias religiosas y convicciones. Los ciudadanos, ciertamente deben considerar propicio este tiempo para reflexionar sobre el rol de la familia a partir de la violencia y los riesgos de comportamientos desligados de las enseñanzas morales. Se percibe un creciente irrespeto por la vida manifestado en hechos muy sangrientos y dolorosos. La sociedad debe enfocarse en ellos y reaccionar.
Debe meditarse sobre las causas de la delincuencia y la violencia intrafamiliar para luego exteriorizar repudios y exigir soluciones. El Estado invierte recursos de la propia sociedad en la formación ciudadana, en perseguir el crimen e impartir justicia. Es necesario motivar a las autoridades a revisar sus métodos en busca de mejores resultados.


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