Patrono de juegos de azar

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23 enero, 2006 12:00 am Sé el primero en comentar

DIÓGENES VALDEZ
Hijo de padres aficionados al juego de la lotería, nunca imaginé que los jugadores tuviesen un santo patrón. Eso lo descubriría durante el tiempo que residí en Uruguay. Esta “deidad” a quienes los uruguayos rezan para que les favorezca con la suerte, es “San Cono”.

San Cono es tal vez el santo más popular, y al que se le reza todos los días. Es, parodiando una biografía de Tomás Moro, a saint for all seasons.

He seguido con interés, aunque discretamente, todas las facetas que en nuestro país muestran los aficionados al juego de la lotería. Sé que muchos juegan por necesidad, otros, los menos, lo hacen por diversión, por el placer de saberse afortunados, sin embargo, dentro de nuestra ínsula, ni uno ni otros, parecen conocer la existencia de San Cono.

En República Dominicana cada creyente tiene su “santo” exclusivo, y es a él a quien le solicita todos los favores, desde la salud, hasta el número del próximo sorteo; desde fortuna en el amor, hasta la suerte en los negocios. Nuestros santos no son especialistas, ellos hacen de todo.

No tengo a mano ningún santoral, pero hago la promesa de volver sobre el tema después de haber investigado la existencia o no del santo en referencia.

Para muchos, es indiscutible la íntima ligazón entre los sueños y los números de la lotería. Los orígenes de esta última parece remontarse muy atrás en la historia de la humanidad. Se habla (o se ha escrito) de que en el “zigurat” de Babilonia había una habitación dedicada a exclusivamente para soñar, con lo que tenemos que, el acto de soñar y, probablemente los números, estuvieron relacionados con la religión. Recordemos que los “zigurats” eran edificaciones religiosas, muy abundantes en toda la región mesopotámica. Estos tenían forma de pirámide escalonada, con rampas ascendentes, en cuya cúspide existía un templo.

Dentro de la cábala (o kaballah) judaica existía un ramal dedicado a la numerología, llamada “cábala numérica” o “gematriaca” (por deformación numérica) en la que las palabras e interpretaban por el valor numérico o aritmático de las letras que la componen. La palabra judía kaballah significa “tradición.

“Números, sueños y religión” parecen haber estado relacionados desde tiempos muy antiguos, aunque con el discurrir del tiempo, la religión ha tomado una distancia prudente de ambos fenómenos, aunque sin condenarlos.

Jorge Luis Borges ha escrito un magnífico cuento titulado “La lotería de Babilonia”, que más que un cuento, es una parábola sobre las posibilidades del azar, en el cual el tema no versa sobre las oportunidades de la esperanza, sino que la ejecución del fatalismo constituye el verdadero premio. Un hombre puede ganar un mes de cárcel, la pérdida de un dedo, el derecho de ejecutar a alguien que al “haber ganado” ha perdido la vida, etc.

Nadie sabe -tal vez sí- en cual época surgen las “loterías” como juego de azar. Si se conoce que Fouché, en los múltiples cargos que detentó tanto en la monarquía como en la república, legalizó el juego de azar como una forma de agenciarse fondos con los cuales financiar “la seguridad del Estado”. Esta, en términos actuales sería, la vigilancia y espionaje de los ciudadanos, por medio de un aparataje que, entre otras cosas, propicia la delación y el caliesaje.

En la actualidad, cuando estamos ante la posibilidad de que sea elevado a los altares a un futbolista, victima de la represión de derecha durante la Guerra Civil Española, no encuentro nada extraño, que exista un santo que proteja a los jugadores del azar. Lo extraño es, que siendo el dominicano un pueblo de jugadores por antonomasia, que al decir de muchos “juega hasta las picadas de ojo”, me maravilla que este pueblo no tengamos un santo que proteja a los jugadores. Como las alturas celestiales no están divididas en hemisferios, imagino que los “santos” ejercen con igual eficacia sus poderes desde cualquier lugar que se les reclame. Por tales y tan válidos argumentos, propongo a los apostadores nacionales y a los jugadores de billetes y quinielas de la lotería, la loto, quinielas-palé y de las otras múltiples formas de esquilmar al pueblo que adopten, como su santo patrón, a San Cono, un bendecido siervo del Señor, que en el hemisferio sur, parece que efectivamente protege a aquellos que aman el dinero fácil. ¡Que paradoja!

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