Peligro en la vía

¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa era sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío!” Eso hubo de escribir Miguel De Cervantes Saavedra a comienzos de la centuria XVII en su clásico Don Quijote de la Mancha. Añoraba don Quijote la época en que la propiedad era de todos y era obligación del conglomerado velar por el bienestar común. Ya para mediados del recién pasado siglo El Gran Combo de Puerto Rico, con su cantante Ismael Rivera, nos advertía con su canto: “Quítate de la vía perico/ que ahí viene el tren…/ Luego no vaya a decir/ oye, que a ti no te lo advirtieron”. Eso fue lo que debí tener presente la madrugada del domingo 13 de octubre de 2013 cuando doblando la esquina de casa oí el zumbido de dos autos que volaban bajito en competencia por la prolongación calle Camino Chiquito entre los sectores de Cuesta Hermosa y Arroyo Hondo II. Si ahora no aparezco entre los peatones víctimas mortales de desaprensivos conductores, es gracias a la brusquedad con que me haló mi fiel acompañante, un pastor alemán. La verja del frente de mi casa fue lo único que pudo detener la marcha de un flamante Mercedes Benz ocupado por dos mozalbetes que salieron vivos y contentos del arrugado vehículo. Para los cristianos devotos sería bueno que recen u oren antes de poner un pie fuera de su hogar porque duele admitir que a la altura del 2013, aquí en la tierra de Duarte, usted solamente sabe que salió vivo de su morada, pero nadie asegura que regrese sano y salvo a la casa. Transeúntes, pasajeros, conductores y hasta personas sentadas en el frente de su vivienda no están exentos de que un imprudente y desaprensivo chofer de camión, guagua, yipeta, carro, o motocicleta lo envíe a destiempo al cementerio. De acuerdo a datos estadísticos cortésmente suministrados por el ingeniero Mario Holguín, tenemos que Santo Domingo, San Cristóbal, La Vega y Santiago, en orden decreciente, son los lugares donde mayor mortalidad y morbilidad por accidentes de tránsito se registra en el país. El Dr. Luis Pichardo, encargado del programa de reducción de la mortalidad por accidentes de tránsito, conocido por las siglas PREMAT, tiene que admitir con dolor la afrenta bochornosa de una amarga realidad: la causa principal de muerte en la República es el accidente de tránsito. ¿Será que todavía es muy prematura una jornada continua tendente a reducir el luto y la catástrofe financiera en decenas de miles de hogares dominicanos? ¿Cuántos muertos y lesionados permanentes habremos de aportar todos antes de que la sociedad en su conjunto haga conciencia y decida invertir los recursos necesarios para disminuir la escalada mortífera que mata mayormente a jóvenes entre los 15 y los 29 años? “Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios” dijo Jesús. En Borinquen siguió cantando Maelo: “Si yo llego a saber/ que el perico era sordo/ yo paro el tren.